Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña Sitges ’12

Breve paso por el Festival de Sitges con tres películas bien distintas como lo son las impresiones que me han causado. Os dejo con mi visión personal de The Chained, Cosmópolis y Beasts of the Southern Wild.

El primer pase al que asistí fue The Chained, (Jennifer Lynch, 2012) largometraje de una directora que ya dejó huella en una edición anterior del festival (2008) con Surveillance y cuyo apellido todos identificamos con un pilar dentro del género del terror psicológico como es su padre, David Lynch.

The Chained posee una base potente, una idea terrorífica que pretende incomodar, hacer reflexionar sobre la pérdida de la infancia y, aunque su desarrollo es correcto y consigue crear interés, no va mucho más allá. Quizás esto se debe a lo complicado que puede resultar hoy en día crear impacto, mostrar una imagen y, consecuentemente, desencadenar una emoción desconcertante.

Me vino a la mente el secuestro de Antonio Banderas en la macabra La piel que habito de Pedro Almodóvar en la que el desequilibrado cirujano mantiene a su preso encerrado en su casa haciendo con él lo que se le antoja. En aquella película los fines son bien distintos y el enfoque surrealista del drama roza lo cómico. No es este el caso de The Chained, que lo que pretende es crear una sensación realista de progresivo malestar aunque le falta este punto trepidante que posee la otra, que mantenga in crescendo el interés del espectador. Ambas reducen prácticamente el escenario a la casa, para reforzar la sensación de aislamiento, de cárcel para el secuestrado. Los actores, tanto el psicópata Bob como el joven a quién este apodará con el nombre de Rabbit, me parecen correctos pero sin llegar al nivel de interpretación que para mí requieren estos personajes.

A parte de esto, hay un par de temas que alejan al conjunto de ser una película que deje huella: la primera, son las obviedades y los tópicos, como que el asesino recuerde que su padre le pegaba de niño y por esto se ha convertido en lo que es; la segunda, la locura de final que no podría resultar más forzado e inverosímil.

A continuación me quedé al pase de Cosmopolis. Grandes expectativas para la nueva entrega de David Cronenberg que se vieron bastante frustradas al ver el resultado. Ante todo, decir que el reto de adaptar la novela homónima de Don DeLillo no parecía de entrada tarea fácil. El resultado es una película muy ambiciosa, con algunas ideas muy conseguidas y interesantes y otras que a mi parecer se pierden por si solas con tanta pretensión.

Con estas últimas me refiero a los excesivos diálogos en una sucesión de escenas que, aunque traten temas interesantes, no hay formar de cohesionar para adquirir un sentido global. A mi parecer, falta perspicacia, profundidad y concreción. Las visitas que se  van encadenando en el interior de la limusina no tienen el suficiente interés para sustentarse  por sí solas como pequeñas unidades narrativas, que supongo sería la intención del director. Y tampoco acaban de encajar en un todo, como si se intentara construir un puzle con piezas que no le pertenecen. Se plantea mucho contenido interesante pero inconexo y que acaba aburriendo. Solo al final, cuando Packer cae en el escepticismo absoluto y parece enloquecer, da la impresión que la pieza empieza a tomar cierto interés, ritmo e incluso sentido.

A parte de esto, como también he comentado, el tema de la limusina creando un espacio que difiere totalmente del mundo exterior, ajeno al tiempo, a la velocidad, incluso al mundo, y este personaje enigmático, maniático y controlador que maneja el mundo con afán de poder y riqueza desde su guarida, son realmente dos aspectos muy bien pensados y adaptados. Creo que a todos nos ha sorprendido la impecable interpretación de Robert Pattinson que con este papel se ha desmarcado con creces del icono juvenil de vampiro sexi que se ganó con las entregas de Crepúsculo. Pattinson borda el papel de frialdad y hastío que va creciendo dentro de sí y que le lleva a la autodestrucción. La perfección técnica de la imagen es también digna de mención.

Finalmente me topé con una pequeña joya, el regalo para los sentidos que me pareció Beasts of the Southern Wild, ópera prima de Benh Zeitlin, un cuento que narra la historia de un reducto de la sociedad que sobrevive autosuficiente y apartado del mundo, en una pequeña isla. Allí, los niños como Hushpuppy crecen libres, salvajes y con una idea muy personal y particular de lo que es el mundo que les rodea.

“Bathtub” (la bañera) es el nombre con el que bautizan sus habitantes su pequeña isla. Hushpuppy vive allí con su padre, un hombre temperamental cuyo carácter se acentúa con la frecuente ingesta de alcohol. Según él, y a lo que Hushpuppy se aferra con la fe ciega de cualquier niño hacia su padre, son afortunados de vivir en “el lugar más bonito de la tierra”. Pero allí todos saben que el fallo de una pequeña pieza en el engranaje global puede desencadenar la devastación absoluta y dejar a su pequeña comunidad inundada en la profundidad de las aguas provenientes del deshielo. De esta manera, todos viven con el temor a una inminente tormenta que pueda destruirles aunque el planteamiento de la historia en sí parece desarrollarse ya en un ambiente post apocalíptico.

Hushpuppy vive en su mundo de ensueño, acompañada de la presencia de su madre que según la información de su padre “se marchó nadando” un día y en conexión constante con los animales, reales y fantásticos que pertenecen, como ella, al microcosmos que representa la bañera dentro del inmenso universo. Dentro de este mundo ideal, tendrá que plantarle cara al miedo y no llorar, como le enseña su padre, para soportar con serenidad las adversidades.

Para el rodaje de la película se utilizaron localizaciones devastadas por el Katrina en la bahía de Louisiana y se construyó, con un escaso presupuesto, el detallado universo de Bathtub. La música aporta un elevado tanto por ciento de la fuerza y magia de la película. Pero el mérito queda repartido a partes iguales entre ésta, los actores (es sorprendente el potencial interpretativo de la pequeña Quvenzhané Wallis y el padre, Dwight Henry, ninguno de los dos actores profesionales) y la imagen cálida y brillante, buscando la magia en todo momento.

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Lo imposible (2012) J. A. Bayona

Imposible parece la historia de esta familia que sobrevivió “intacta” al tsunami más devastador nunca registrado, que asoló el sudeste asiático en diciembre de 2004. Brillante, como este joven director con corta trayectoria pero a la altura de los grandes del cine, Juan Antonio Bayona, traslada esta historia a la gran pantalla.

Bayona explora, a través de esta catástrofe, la pérdida y las relaciones familiares, consiguiendo enfatizar estos dos temas incluso por encima del escaparate formal de la película, que resulta impecable. Atraído por la historia de esta familia, Bayona narra el minuto a minuto del terror vivido segundos, minutos, horas y días después de la tragedia. Es por este interés en tratar el cambio que esta experiencia supone en la vida de los personajes y no tanto su vida previa, el hecho de que la acción empiece de forma tan directa y con breve preámbulo.

En este sentido me recuerda a la superproducción China Aftershock (Feng Xiaogang) que reproduce una catástrofe natural de dimensiones parecidas, el terremoto de Tangshan del año 1976, aunque, en este caso, vivimos el peso de la experiencia de los personajes, no solo los días próximos a la catástrofe sino durante el resto de sus vidas, en cuyo transcurso se prolonga el reencuentro familiar en esta ocasión.

(spoiler) El sufrimiento y la tensión están dosificados a partes iguales a lo largo de la película sin dejar un instante de tregua al espectador hasta que la familia se reencuentra y aún conociendo de antemano el final.

La estructura de la película consta de dos partes con tono y ritmo totalmente distintos, pero anidados a la perfección. La trepidante acción de la primera parte con la brillante escena del reencuentro entre Lucas y la madre justo después de la arrolladora ola contrasta con el ambiente de aturdidora quietud en la impaciente búsqueda del padre a su hijo y mujer.

La cámara busca sonsacar los sentimientos de los personajes y el impacto de la vivencia y lo consigue con unos emotivos primeros planos tan bien intencionados como justificados. La combinación de los planos más cerrados que narran la acción con los planos generales del entorno devastado no nos permiten olvidar en ningún momento las dimensiones del caos. La naturalidad y verosimilitud se ven reforzadas en ocasiones por  un movimiento de cámara que quiere simular el uso de una videocámara como en la escena en que los niños se despiertan para abrir los regalos de Navidad.

Se ha hablando en ocasiones de “manipulación sensorial” y bueno, hay que saber distinguir cuando está o no justificada y cuando es excesiva. Y es que en esto consiste el juego del cine, hay que saber jugar bien y con la medida adecuada las herramientas de las que disponemos (en este caso una historia sobrecogedora, unos actores de diez y porqué no decirlo, un presupuesto que permite hacer virguerías), y creo que Bayona lo hace con una eficiencia loable.

(spoiler) ¿Final feliz? Depende de como se mire. Creo que la película consigue hacerte reflexionar sobre el terror de la catástrofe y consigue dejarte con la misma sensación que nos describe el llanto silencioso de Naomi Watts en uno de los últimos planos de la película, un llanto de desasosiego por la tensión y el horror vivido y también del impotente remordimiento inherente al superviviente, consciente del destino que corrieron cientos de miles de personas, cuyo desenlace no fue el final feliz de su historia.

Donnie Darko. Richard Kelly (2001) EEUU

La fantasia i la realitat es fusionen en aquest drama psicològic on un adolescent interpretat per un jove Jake Gyllenhaal intenta sobreviure en un món del qual se sent exclòs, amb els reptes afegits d’una malaltia psicològica, una intel·ligència per sobre de la mitjana i una sensibilitat neuronal que el porta a percebre més enllà de les tres dimensions que componen la realitat tal i com l’entenem actualment.

A aquest quadre personal, cal sumar-li el context de la societat americana dels anys 80 (més concretament en l’àmbit d’un institut), una societat amb uns valors superficials que intenta obviar les problemàtiques reals, i esquivar qualsevol confrontació directe amb aquestes. Donnie Darko és un personatge inadaptat tot i que troba alguns còmplices en la seva situació que, com ell, veuen més enllà d’aquesta superficialitat, com la magnífica professora Karyn Pomeroy interpretada per Drew Barrymore o la jove Gretchen Ross (Jena Malone) amb qui Donnie Darko inicia una primera relació amorosa.

Així, el que en un principi se’ns presenta com una crítica àcida i amb toc d’humor amb tots els seus personatges estereotipats (ens ve al cap la memorable American Beauty de Sam Mendes), el film es va inclinant cap a un univers fantàstic i fosc a través de la pertorbada ment del seu protagonista que confon les seves al·lucinacions amb la realitat (una distorsió semblant a la que vivíem en la recent Take Shelter, de la mà d’un gran Jeff Nichols), traslladant-nos al to metafísic del millor Lynch en pel·lícules com Lost Highway.

Amb la companyia d’un inquietant personatge disfressat d’aterrador conill, Donnie s’endinsa en un viatge en el temps a mode de compte enrere cap a un misteriós final, presagi d’aquesta veu interior, impuls i guia de viatge que és el personatge d’en Frank. Donnie Darko troba la clau a les seves preguntes en el llibre escrit per la misteriosa Roberta Sparrow, “The Philosophy of Time Travel”, que serveix al mateix temps d’element estructurador de la pel·lícula a partir dels seus capítols que ordenen el contingut de la historia.

La ironia del llenguatge i els encertats diàlegs ens porten a moments brillants com la intervenció de Donnie a la sala d’actes de l’escola sobre els ridículs consells d’un farsant Patrick Swayze, o la contestació a la senyoreta Kitty Farmer quan aquest es nega a fer l’exercici que ella proposa.

La fantàstica i encertada banda sonora inclou temes tant transcendents com Mad Word de Gary Jules que acompanya fantàstiques seqüències amb una força visual que anul·la tota necessitat de diàleg. Parlem de la emotiva seqüència on la càmera s’infiltra en els somnis (o malsons) de tots els personatges. Destaquem també el mític Love Will Tear Us Apart de Joy Division o Head Over Heels de Tears for Fears amb el que la càmera ens ofereix una original presentació de tots els personatges.

El director ens brinda un final a l’altura del film, on tot es destrueix per tornar al punt de partida. La provocadora rialla final de Donnie, esperant la mort al seu llit, és una rialla d’alleujament, de saber que és on ha de ser i deixant un món amb tantes coses per arreglar… Donnie Darko conté una riquesa de detalls narratius que abastiran, a l’espectador atent, d’un seguit de símbols i significats que cohesionen aquesta trama tant ben teixida; així, ens trobem davant d’una historia que no deixa cap detall a mans de l’atzar, cap peça sense funció concreta.