Crónica Film África 2012 (Londres)

El mayor Festival de cine africano de Inglaterra se ha celebrado durante 11 intensas jornadas en Londres con un programa de más de 70 películas y más de 30 directores invitados que visitaron la ciudad durante estos días y asistieron a los pases de sus películas para responder a las preguntas del público.

La oferta del Festival no se ha limitado solo a los pases, ofreciendo una amplia variedad de eventos culturales desde workshops gratuitos hasta actividades para la familia abarcando incluso una fantástica programación de música africana en directo.

Entre las secciones del festival se ha contado con una gran variedad de géneros y formatos: ficción, documentales, animación y cortometrajes en los que se han tratado temas tan diversos como la música, la política, el deporte o la discriminación al colectivo de LGBT, con especial énfasis en esta última. Un ejemplo de ello ha sido la aclamada Call Me Kuchu (2012, Uganda/ USA, Katherine Fairfax Wright and Malika Zouhali-Worrall), recientemente estrenada en las salas londinenses, un documental sobre el día a día de David Kato, el primer hombre abiertamente gay en Uganda, y su lucha contra la amenazante propuesta de castigar la homosexualidad con la cárcel o incluso la muerte.

Desde el año 2008, aunque hasta el pasado 2011 el festival no fue renombrado como el “Film Africa”, Londres ha celebrado la influencia de este continente en la ciudad y insistido sobre la relevancia de África sobre Inglaterra y sobre el resto del mundo. Fundado por la Royal African Society con la colaboración de SOAS, La Universidad de Londres, el Film África ha cerrado esta edición con la satisfacción de haber estado a la altura de la exigencia de su público y sus intenciones pese al momento de dificultad económica atravesado, en el que los gobiernos de Europa están retirando las ayudas a este tipo de eventos culturales y instituciones. Conscientes de este privilegio, los organizadores del Festival han valorado la edición de exitosa y cogido fuerzas y motivación para encarar el futuro del evento.

An African Election (2012, Suiza/ EEUU/ Ghana, Jarreth Merz)

An African Election, una película documental sin precedentes sobre el proceso de unas elecciones en África, concretamente las de Ghana en 2008, nos sitúa de pleno dentro del marco del Festival.

Jarreth Merz sigue a los jugadores clave en estas elecciones durante los casi 3 meses previos a la votación y nos muestra los entramados de la maquinaria política de un país tercermundista que persigue su legitimación democrática.

Desde la ajetreada campaña política, pasando por la cada vez más irascible atmósfera del país (en el contexto de estas elecciones), la caótica organización interna, hasta el intenso recuento de votos, las dudas de fraude o la sentencia final, Jarreth Merz se acerca a este proceso y lo captura como si de un thriller político se tratara, con toda la emoción y espectacularidad inherentes.

El documental pretende abarcar un amplio rango de puntos de vista en las entrevistas realizadas. Aún así, como lamenta el director, una película de esta talla nunca puede vanagloriarse de la objetividad absoluta, incluso acostumbra a ser necesario cierto enfoque para no perderse en la generalidad del tema y poder profundizar más en algunos aspectos. Cabe añadir que los compromisos y responsabilidades de todo el personal de la campaña en pleno desarrollo dificultaron poder contactar con ciertas personalidades o disponer de más tiempo para entrevistas, hecho que también determinó en algunos casos su presencia en el producto final.

El director consigue interceder en los espacios y momentos más privados de las elecciones cómo en la sala de reunión de la comisión electoral donde se reciben los recuentos de votos y en la que se viven los momentos de más tensión, acentuada por la naturaleza controvertida que conllevaron estas elecciones. Asombrosamente, la cámara logra pasar desapercibida literalmente, consiguiendo algunas escenas tan claves como magníficas.

El director, cuya presencia nos acompañó durante el pase y en la posterior rueda de preguntas, explicaba que parte de la facilidad de acceso a los espacios y las personalidades que se disponen a hablar ante la cámara se debe a su vínculo con Ghana, país donde vivió una parte de su vida.

Finalmente, el documental quiere ser un ejemplo para todo el continente africano, una demostración del funcionamiento y la viabilidad de la democratización en África. Con este fin, el director y su equipo realizaron una gira posterior al estreno de la película recorriendo varios países africanos, proyectando la película con el fin de hacerles llegar su mensaje.

The Assassin’s Practice (2012, UK/ Nigeria, Andrew Ukoko)

The Assassin’s Practice de Andrew Ukoko quién también asistió al Festival, es un thriller poco convencional sobre un corredor de bolsa que contrata a un asesino a sueldo para acometer su propio suicidio y así asegurar a su mujer y a su hija con una buena pensión.

Lo que el inversor no puede imaginar es que la persona contratada resulta ser una psicópata cuyos intereses o motivaciones le llevarán a saltarse los esquemas del encargo a su antojo.

La falta de convencionalidad es, en esta ocasión, negativa, ya que el resultado de esta absurda mezcla de géneros carente de intención da lugar a una obra que roza lo ridículo y de cuyos elementos no se salvan ni el guión, ni los actores (cuya mala interpretación resulta insuperable) ni siquiera la edición sonora que quizás para enfatizar la comedia acaba resultando exagerada y molesta. Lo que podía parecer un buen detonante inicial, necesita pocos minutos para estropear las expectativas hasta un estado de no retorno y en cambio, se prolonga en este estado durante los siguientes 83 minutos.

Beauty (2011, Sudáfrica, Olivier Hermanus)

El director Olivier Hermanus retrata a un hombre de mediana edad que vive su aparente cómoda existencia sobre el lecho de una gran mentira. François (un espectacular Deon Lotz) es incapaz de aceptar su condición sexual y, en consecuencia, reconocerla frente a la sociedad, una Sudáfrica cargada de prejuicios y racismo, situación que le lleva a un auto rechazo y un sentimiento miserable que lo devora lentamente.

Con una fantástica entrada, Hermanus destapa un distintivo uso de la cámara desde la primera escena que remite al voyeurismo más acusado, con la cámara moviéndose lentamente a través de la muchedumbre en un banquete de una boda en Bloemfontein (Sudáfrica) hasta dar con Christian (el actor y modelo Charlie Keegan) que desde el primer momento captura la atención del protagonista así como la del espectador con el encanto de aquél que sabe que posee el poder de la seducción.

A partir de aquél encuentro, François empieza a experimentar una creciente atracción hacia el chico que se descontrola hacia una peligrosa obsesión precipitando la historia a un trágico final. François canaliza sus necesidades ocultas a través de los encuentros secretos con un grupo de hombres de su misma condición pero de vuelta a su realidad esconde sus sentimientos detrás de su inexpresivo rostro. Este sufrimiento en silencio nos recuerda al que padecía Michael Fassbender en Shame. Como en esta última película, el personaje se intenta desglosar en su total complexidad, pretendiendo crear al mismo tiempo una sensación de rechazo y empatía aunque en el caso de Beauty el primer sentimiento acaba ganando terreno, sobre todo después de la perturbadora escena final.

Beauty nos habla sobre la belleza y sobre la obsesión de poseer el objeto deseado pero también sobre la frustración y el resentimiento que deriva en la violencia. Todo esto, en un escenario con una relativamente reciente transición (el apartheid comenzó a desaparecer a mediados de los años 90) pero aún con muchas marcas del viejo sistema en la sociedad, con todas las reminiscencias de racismo y de intolerancia.

El deseo contenido, la rabia, la vergüenza, el odio, todo lo expresa esa mirada espectacular de Deon Lotz cuya actuación consigue estremecerte. Pero no es el único elemento que consigue trasladar la tensión al espectador. También el sonido recibe un trato muy especial en esta película. I es que este aparece acertadamente en los momentos de máxima intensidad, como una especie de ruido molesto del que solo conseguimos percatarnos cuando desaparece por completo dejando paso al sonido ambiente. También se utiliza el silencio en el sentido opuesto, cuando François está en la burbuja de su mente y de repente, regresa a su mundo de apariencia.

His Majesty’s Sergeant (2010, Ghana, Ato Yanney)/ Burma Boy (2011, Nigeria/ UK, Barnaby Phillips)

La invasión de Japón a Birmania (conocida actualmente como Unión de Myanmar) a finales de 1941 desencadenó la campaña más prolongada librada por las fuerzas británicas en la Segunda Guerra Mundial. Alrededor de 100.000 soldados africanos fueron tomados de las colonias británicas para luchar en las selvas de Birmania hasta la derrota japonesa a mediados de 1945. A estos héroes anónimos rinden homenaje las dos películas que se proyectaron conjuntamente en el Film África: la película de ficción His Majesty’s Sergeant de Ato Yanney y el documental Burma Boy del periodista de la BBC Barnaby Phillips.

His Majesty’s Sergeant

El orden en que se proyectaron las películas no fue aleatorio, primero vimos la película de ficción, una representación más teatral (el escenario de la cueva es prácticamente el único donde se desarrolla toda la historia) que cinematográfica sobre la relación entre tres soldados del bando británico, un indio, un africano y un británico que se encuentran refugiándose en una cueva en medio de una batalla.

Los tres desconocidos empiezan una conversación formal que no tarda en denigrarse a la mínima que Jake, el soldado británico, siente la necesidad de afirmar su asumida superioridad racial. Incluso cuando Jafa salva a Jake quién cae en una trampa del enemigo, su odio hacia él no cesa.

Lejos de la típica película bélica, Ato Yanney pone el acento en este caso en el asunto psicológico que comportó para los soldados de las colonias el hecho de estar luchando una guerra para defender la libertad de sus colonizadores. Por lo tanto se centra en estos tres personajes, y sobre todo en la lucha personal de Jafa, el sargento africano, en contra del racismo y a favor de la equidad. La versión proyectada es una remasterización de la original de Ato Yanney (1980).

El periodista Barnaby Phillips siempre había querido remediar la poca justicia que le ha hecho la historia a este suceso. El mayor reto con el que se encontró a la hora de conceber Burma Boy era encontrar gente implicada que aún estuviera con vida, pero no tanto testigos de oficiales británicos cuyas memorias ya había leído en libros y documentos, sino encontrar una voz para la otra perspectiva, una voz africana. Y de ahí la gran alegría al caerle a las manos el testimonio de 60 páginas de un soldado nigeriano llamado Isaac Fadoyebo.

A partir de este descubrimiento, el periodista decidió empezar su aventura consiguiendo contactar con su principal protagonista que aún seguía viviendo en Nigeria. Este, a su vez, le llevó a una familia pobre de Birmania que durante la guerra le rescató herido en la selva dándole cobijo y alimentándolo durante meses aún sabiendo que arriesgaban sus vidas si eran descubiertos por los japoneses.

Con rigor periodístico y en un formato de documental convencional (el periodista aparece en cámara como presentador de los hechos y narrador), el documental conforma una pieza interesante por su valor testimonial, pero quizás con un sobrecargado valor sentimental que se le da a la historia del personaje. El documental termina con la emotiva entrega por parte de Phillips de una carta de agradecimiento que Isaac escribe a la familia que le salvó la vida en un heroico gesto de humanidad.

Lust (2011, Egipto/ Francia, Khaled El Hagar)

Lust se adentra en las vidas de los habitantes de una calle marginal en Alejandría, Egipto, en un contexto pre revolucionario. Cada personaje guarda su propia historia tras las puertas de su casa, como el caso de Umm Shooq, quien abandonó a su familia para fugarse con el hombre al que amaba.

Con ello, lleva una vida pobre al lado de su marido, sus dos hijas y un tercer hijo que padece una grave enfermedad. Debido a la falta de recursos, la familia es incapaz de reunir el dinero necesario para el tratamiento del niño, y Umm Shooq cae en un estado de amargura y depresión que le lleva a actuar con sus hijas de manera que sus intentos de protegerlas solo consiguen ahuyentarlas cada vez más.

En un intento desesperado para conseguir el dinero para su hijo Umm Shooq deberá viajar a la capital. El contraste entre esta y su casa es abismal, y allí encontrará la forma de aprovecharse de su anonimidad para conseguir dinero de forma fácil y rápida, método que se acaba convirtiendo en su forma de vida, realizando viajes semanales entre el Cairo y Alejandría. En su ausencia sus dos hijas buscan la forma de reclamar su libertad.

Una libertad negada, en primer lugar, por la familia, pero también por el contexto, y sobre todo, por su condición de mujer. A diferencia de algunos vecinos varones, quienes acaban abandonando a sus familias en busca de oportunidades, las chicas se ven obligadas a permanecer allí dejando escapar sus sueños y aspiraciones.

Cabe destacar la gran actuación de Sawsan Badr quién es capaz de estar a la altura de la complejidad de su personaje que pasa de un estado de cordura a la completa locura en cuestión de segundos.

Restless City (2011/ EEUU/ Andrew Dosunmu)

Nueva York des de los ojos de un inmigrante senegalés puede ser una ciudad muy distinta a la foto idílica que se le puede atribuir desde la perspectiva del turista o el neoyorkino de nivel medio-alto. Djibril llega a la Gran Manzana escapando de la pobreza extrema en busca de oportunidades, de una vida mejor.

Allí, quienes le acogen como en casa son sus semejantes, quienes se ganan la vida en Harlem con negocios ilegales. Djibril vende discos piratas en la calle pero su vocación es la música y su sueño, poder vivir algún día de ello. Su carácter solitario y pacífico le ha llevado a sobrevivir hasta el momento sin preocupaciones pero sin quererlo conoce un día a una chica de la cual se enamora y cuyos problemas le acaban implicando.

La fotografía de la película se cuida de mantener una coherencia estética, aportando una personalidad propia a la ciudad, a la atmósfera, a este Harlem de rojos predominantes que envuelve la historia en una mezcla entre calidez e irritación. La escena final nos recuerda al trágico pero magnífico desenlace de la obra maestra Al Final de la Escapada (Jean-Luc Godard), en el que el cuento de hadas queda tan solo en la historia de amor de los personajes, quienes son incapaces de controlar sus destinos.

Andrew Dosunmu captura el pulso dinámico de Nueva York en el entorno de una comunidad africana en la ciudad, una mirada hacia una cultura que acostumbra a pasar desapercibida o simplemente resulta indiferente a los neoyorkinos.

Mama África (2011, Alemania, Mika Kaurismäki)

El Film África 2012 cerró sus puertas con una gran apuesta documental, Mama África, de Mika Kaurismäki, un fantástico tributo a una mujer excepcional, Miriam Makeba (1932 – 2008), quién dio voz, a través de su música, a su tierra, Sudáfrica y a todo el continente africano.

Desde sus primeras apariciones en público hasta su último concierto, Kaurismäki recrea la trayectoria de la cantante y activista, completando las magníficas imágenes de archivo con una serie de entrevistas a familiares, amigos y discípulos de esta figura tan extraordinaria.

Debido a sus ideales políticos y a su implicación y persistencia en cambiar las cosas, su música fue vetada en primer lugar en su Tierra, Sudáfrica, y luego en Estados Unidos, que vieron con malos ojos su relación con el activista Stokely Carmichael, por lo que regresó a Guinea desde donde siguió luchando en contra del Apartheid.

El gran mérito de este documental recae sin duda en la exhaustiva búsqueda de material, la complicada selección y la posterior acertada edición, que aporta una narrativa perfecta a todo el conjunto resultando una pieza que consigue despertar el interés y la emoción por la historia de esta mujer. Cada imagen interactúa intencionada y perfectamente con la anterior, la siguiente y con toda la pieza.

Primero nos engancha su música, luego esta carita angelical de joven que empieza a comerse el mundo y progresivamente, sus ideales, su compromiso y su carisma.

La proyección fue precedida de la entrega de premios. El galardón al mejor cortometraje recayó sobre el peculiar Umkhungo (The Gift), de Matthew Jankes, cuyo pase se proyectó antes del documental, una historia de ciencia ficción y poderes sobrenaturales que bien podría tratarse del preludio de un largometraje. Por su parte, Fluorescent Sin (2011, Amirah and Wafa Tajdin) se llevó la mención especial.

En cuanto al Premio del Público, este fue para Nairobi Half Life de David Tosh Gitonga, historia de un joven keniata aspirante a actor que sueña con triunfar en la gran ciudad de Nairobi.

Aparte de los premios hubo más sorpresas, en concreto una invitada especial, la cantante Joyce Moholoagae que hizo una pequeña actuación antes y después de la entrega de premios en la que el público acabó participando como coro. Sin duda una buena forma de entrar en situación para la película que estábamos a punto de presenciar. También una forma calurosa y amigable de poner fin al Festival.

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