Django Unchained (2012) Quentin Tarantino

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He sortit del cinema reafirmant, de nou, la meva admiració per aquest gran director qui no deixa de sorpendre amb els seus nous projectes sense perdre mai la seva singularitat. Tarantino aconssegueix fer-te gaudir de cada diàleg, de cada escena i de cada personatge en una trama un pèl llarga però de progressiva intensitat gràcies als constants girs que hi van aportant estímuls.

Ambientat en el profund sud nordamericà abans de la guerra civil, un excèntric i enginyós Christoph Waltz encarna el paper d’un caçarecompenses, Dr. King Schultz, que sota l’identitat d’un suposat dentista ambulant, es dedica a la recerca i captura dels delincuents més buscats. En una de les seves missions, necessitarà l’ajuda d’una persona en concret per tal de reconèixer als seus objectius. D’aquesta manera, coneix al seu futur soci i amic, Django, un esclau a qui van separar de la seva dona i que té com a únic objectiu rescatar-la.

No es pot perdre detall dels diàlegs, carregats d’ironia i sarcasme que només Tarantino sap fer encaixar tant bé com a preludi als seus esperats banys de sang. La banda sonora també porta l’emprempta del director, un cop més tant encertada, aportant i mantenint la intensitat i el ritme a cada escena, factor que es veu reforçat també pels moviments bruscos de càmera així com els zooms que intensifiquen la tensió i claven la mirada de l’espectador en els tant agressius com eficients primers plans.

El repertori d’actors, alguns ja usuals en la filmografia de Tarantino, es fan seus els personatges amb una naturalitat admirable. El ja mencionat Christoph Waltz, amb la seva brillant actuació, ha guanyat ja una nominació a millor actor als premis Bafta i en té una de pendent als inminents Oscars. El polifacètic Leonardo DiCaprio demostra un cop més les seves aptituds treient el millor, en aquest cas, el més miserable del personatge. Jamie Foxx està fantàsticament seductor en el paper de cowvoy amb sed de venjança. També cal destacar encara que més secundaria, l’actuació de Samuel L. Jackson amb el paper de servent racista i, per acabar, la dolça Broomhilda (Kerry Whashington), qui borda el paper de víctima aterrada.

La venjança torna a ser clarament el tema central de la trama. Com en la sagnant Kill Bill, a Django Unchained la brutalitat i explicitat de les batalles no contempla la censura i com tampoc podria ser d’una altra manera, com en el cas dels nazis a Inglorious Bastards, no hi ha treva ni refugi pels qui comenten injusticies.

Tarantino reconeix la seva inspiració i admiració pel director italià Sergio Corbucci, autor que acomula diversos Westerns i la creació original de Django, representat per Franco Nero (1966), qui també compta amb una modesta intervenció a la pel·lícula.

Un Western amb tots els ingredients del gènere, amb el rerefons històric, la crítica salvatge envers el racisme i la marca personal del director. Després de la magnífica Inglorious Bastards, Django Unchained se suma al que podria formar part d’una possible triologia que se’ns dubte esperarem amb impaciència…

Lo imposible (2012) J. A. Bayona

Imposible parece la historia de esta familia que sobrevivió “intacta” al tsunami más devastador nunca registrado, que asoló el sudeste asiático en diciembre de 2004. Brillante, como este joven director con corta trayectoria pero a la altura de los grandes del cine, Juan Antonio Bayona, traslada esta historia a la gran pantalla.

Bayona explora, a través de esta catástrofe, la pérdida y las relaciones familiares, consiguiendo enfatizar estos dos temas incluso por encima del escaparate formal de la película, que resulta impecable. Atraído por la historia de esta familia, Bayona narra el minuto a minuto del terror vivido segundos, minutos, horas y días después de la tragedia. Es por este interés en tratar el cambio que esta experiencia supone en la vida de los personajes y no tanto su vida previa, el hecho de que la acción empiece de forma tan directa y con breve preámbulo.

En este sentido me recuerda a la superproducción China Aftershock (Feng Xiaogang) que reproduce una catástrofe natural de dimensiones parecidas, el terremoto de Tangshan del año 1976, aunque, en este caso, vivimos el peso de la experiencia de los personajes, no solo los días próximos a la catástrofe sino durante el resto de sus vidas, en cuyo transcurso se prolonga el reencuentro familiar en esta ocasión.

(spoiler) El sufrimiento y la tensión están dosificados a partes iguales a lo largo de la película sin dejar un instante de tregua al espectador hasta que la familia se reencuentra y aún conociendo de antemano el final.

La estructura de la película consta de dos partes con tono y ritmo totalmente distintos, pero anidados a la perfección. La trepidante acción de la primera parte con la brillante escena del reencuentro entre Lucas y la madre justo después de la arrolladora ola contrasta con el ambiente de aturdidora quietud en la impaciente búsqueda del padre a su hijo y mujer.

La cámara busca sonsacar los sentimientos de los personajes y el impacto de la vivencia y lo consigue con unos emotivos primeros planos tan bien intencionados como justificados. La combinación de los planos más cerrados que narran la acción con los planos generales del entorno devastado no nos permiten olvidar en ningún momento las dimensiones del caos. La naturalidad y verosimilitud se ven reforzadas en ocasiones por  un movimiento de cámara que quiere simular el uso de una videocámara como en la escena en que los niños se despiertan para abrir los regalos de Navidad.

Se ha hablando en ocasiones de “manipulación sensorial” y bueno, hay que saber distinguir cuando está o no justificada y cuando es excesiva. Y es que en esto consiste el juego del cine, hay que saber jugar bien y con la medida adecuada las herramientas de las que disponemos (en este caso una historia sobrecogedora, unos actores de diez y porqué no decirlo, un presupuesto que permite hacer virguerías), y creo que Bayona lo hace con una eficiencia loable.

(spoiler) ¿Final feliz? Depende de como se mire. Creo que la película consigue hacerte reflexionar sobre el terror de la catástrofe y consigue dejarte con la misma sensación que nos describe el llanto silencioso de Naomi Watts en uno de los últimos planos de la película, un llanto de desasosiego por la tensión y el horror vivido y también del impotente remordimiento inherente al superviviente, consciente del destino que corrieron cientos de miles de personas, cuyo desenlace no fue el final feliz de su historia.

Apollonide. Bertrand Bonello (2011) Francia

Exuberante sensualidad y decadencia en el retrato coral de un grupo de prostitutas que habitan un burdel parisino ambientado en el tránsito del siglo XIX al XX define la reciente propuesta del cineasta Bertrand Bonello; una película amarga y bella al tiempo, como lo es la misma casa cuyo nombre adopta el título: vestidos y perfumes caros, mujeres deslumbrantes y una decoración exquisita… todo desprende elegancia y belleza en esta casa, excepto el propio negocio que la sustenta. Como este, la película está llena de contrastes, más o menos explícitos, como lo son las condiciones en las que viven aparentemente las chicas cuando están trabajando de cara a sus clientes y las condiciones reales que descubrimos cuando termina su jornada aún tratándose de la misma casa.

Los espacios son un punto clave en la película y enfatizan los contrastes mencionados. La casa es el escenario por excelencia, hasta el punto en que tan solo dos escenas nos permiten asomarnos al exterior, tomando gran relevancia en el conjunto del film: en la primera, las chicas salen de excursión; como una liberación de su rutina, un soplo de aire fresco, recuperan por un instante su inocencia, su libertad y por un día sus cuerpos desnudos y jóvenes no pertenecen a nadie más que a ellas mismas. El hecho de que sea la única visita al exterior refuerza la condición de prisión de la casa al volver a ella. La segunda es al final de la película donde por primera vez se ve la calle, pero no en la misma época donde se sitúa el resto de la acción sino en la contemporaneidad, hecho reforzado por el soporte digital en que es grabado este final, con un claro paralelismo con las condiciones actuales de la prostitución.

Bertrand Bonello trata con especial atención la relación entre el grupo de chicas que, más allá del compañerismo, alcanza la condición de amistad, incluso de familia. Su medio de vida les impide relacionarse con más gente y acaban entrando en una espiral de aislamiento que incrementa el vértigo a escapar de este mundo movido por una especie de sentimiento contradictorio entre rechazo y sensación de amparo. De esta forma, entre ellas suplen sus carencias afectivas creando una fuerte complicidad que les permite hacer ironía de temas que solo la confianza de quienes se entienden a la perfección por encontrarse en la misma situación permite. Son compañeras de celda y a la vez de sueños que nunca llegarán a cumplirse, con lo que las alegrías y desgracias de cualquiera de ellas se trasladan al resto del grupo.

Cabe destacar la estremecedora escena en la que, al son de la emotiva pieza Nights in White Satin de Moody Blues, las chicas bailan abrazadas en parejas mientras se van contagiando las lágrimas por las que se desprende toda la rabia, la tristeza y la impotencia contenida.

La libertad de la cámara ofrece unos resultados excelentes, como los travellings tan bien empleados en los que esta fluye por las imágenes con absoluta sutileza y exquisitez. Igual de acertados son algunos de los recursos empleados como la pantalla partida. La escenografía y la iluminación recrean con cuidado absoluto toda la atmósfera y decoración de los burdeles de la época y no dejan de trasladarnos a la sensación de estar presenciando en movimiento obras de Toulouse-Lautrec o de Manet. De este último, a parte de las escenas de interior, también la salida al campo de las chicas nos remite a su conocida pintura Le Déjeuner sur l’Herbe. Merece igual mención la fotografía que aprovecha todo tipo de detalles de la escenografía y el atrezzo como el reflejo de los espejos, puntos de vista muy arriesgados y una continua voluntad de captar los pequeños detalles.

Take Shelter. Jeff Nichols (2011) EEUU

“La ansiedad surge cuando se tiene algo que perder” afirma Jeff Nichols hablando sobre su película. Curtis, interpretado por un sereno y a la vez inquietante Michael Shannon, tiene mucho que perder y por esta razón se empeña en proteger a los suyos hasta tal punto de obsesión que el espectador empieza rápidamente a dudar de si va acabar siendo peor el remedio que la enfermedad. La ciencia ficción es el lenguaje que el director utiliza para hablar de un tema muy real: la ansiedad que hoy en día acecha a mucha gente que se siente desamparada frente a la adversidad. La gran tormenta es la materialización que el director otorga a esta adversidad.

Take Shelter es una historia de personajes envuelta en un contexto apocalíptico en el que sus protagonistas (excepto una evidente excepción) no luchan contra la catástrofe que se acerca sino contra sus problemas personales con los que se enfrentan a diario desconociendo lo insignificantes que estos resultan y lo vulnerables que ellos son en realidad frente a los insospechables fenómenos del planeta en el que viven, capaces de reducirlo todo a la nada. Este tratamiento nos remite involuntariamente a la reciente y fantástica Melancolía, de Lars von Trier.

Cada escena se extiende en el tiempo narrativo lo necesario para contribuir a crear un perfecto suspense y el tiempo necesario para que el público participe en todo momento de la situación y la tensión que viven los personajes. Este ritmo, mezclado con la música, la fotografía y los efectos especiales, consigue cubrir el frenetismo de la historia bajo el manto de unas imágenes contemplativas, desconcertantes con forma de cielos amenazadores y atmósferas inquietantes.

El desafío de Curtis es luchar, de cara a fuera, para desmentir su locura y demostrar su razón y, de cara a dentro, para lidiar con su pánico a partes iguales entre descubrir una enfermedad mental o una lucidez predictiva. Michael Shannon consigue hacer dudar a su propio personaje, a su familia, al pueblo entero y, evidentemente, al espectador, quién no está más tranquilo ni menos desorientado que el resto de personajes. Inevitablemente, somos partícipes de lo que creemos que es la evolución de la enfermedad mental de Curtis de forma que la angustia va creciendo a medida que anticipamos hechos que los personajes aún no pueden prever aunque al final nos demos cuenta que quizás estábamos del lado erróneo.

El potencial creciente de Jessica Chastain, que nos ha sorprendido últimamente con su impecable actuación en películas como La Deuda o El Árbol de la vida, no abandona su línea en esta ocasión, donde da vida a la mujer del protagonista, Samantha. Su expresión nos dice más que sus palabras, a través de ella entendemos todo lo que le pasa por dentro, des del amor incondicional hacia su familia hasta el consecuente miedo, una vez más, a la pérdida.

No es casual que la hija de la pareja sea sorda, con la carencia comunicativa que esto supone, aunque mientras la niña parece no perderse detalle de lo que sucede a su alrededor, otros problemas de comunicación, que van más allá de las limitaciones sensoriales, surgen entre la pareja.

Los descendientes. Alexander Payne (2011) EUA

Un hombre en plena crisis de los 50 (George Clooney), inmerso en una situación que le obliga a replantearse completamente su vida, es el protagonista de esta adaptación cinematográfica de la primera novela de Kaui Hart. El drama y la comedia se mezclan en esta historia de gran sensibilidad a pesar de que, a mi modo de ver, no llega a alcanzar de pleno sus intenciones transcendentales. La ironía de la película es tan sutil que, si consigue arrancar en algún momento una pequeña sonrisa al espectador, no llega a contrarrestar el componente dramático el cual, siendo tan incisivo, deja sus intenciones demasiado al descubierto creando en el espectador cierto escepticismo a la hora de entrar en la historia.

A pesar de sus actuaciones correctas y en algún caso merecedoras de especial mención, tampoco los personajes salvan esta historia del encasillamiento de un relato tragicómico que no llega a sobresalir. Los personajes, aunque construidos con coherencia y profundidad, no dejan de remitir a estereotipos o remakes de personajes ya vistos en otras películas. Este es el caso de la actriz Amara Miller que aún resolviendo de forma satisfactoria la dificultad que supone su papel en la película, no deja de recordarnos a la pequeña de la familia Hoover en Pequeña Miss Sunshine, Abigail Breslin, sin lograr el descubrimiento que esta supuso.

El papel de George Clooney, muy alabado por la crítica, ni está a la altura de su calidad como actor, ni le ofrece a este posibilidades de aportarle al personaje una personalidad propia, diferencial. Si es verdad que cumple con sus intenciones principales, no va más allá, y ni de lejos es “uno de los mejores papeles del actor” como se ha descrito en algunas ocasiones. Cabe resaltar muy satisfactoriamente la actuación de Shailene Woodley, quién interpreta el papel de hija mayor de George Clooney, uno de los personajes a través del cual conseguimos conectar con más profundidad con el drama familiar.

De la mano de Phedon Papamichael, el director de fotografía con el que ha trabajado en esta ocasión Payne, nos adentramos en unos fantásticos y salvajes paisajes hawaianos con cielos amenazadores, luz melancólica y preciosos parajes naturales que nos muestran des de los resquicios más vírgenes hasta la cara más turística de esta isla. La música local, con la que el director quiso trabajar des del primer momento, también contribuye a recrear la atmósfera tierna y dramática de la historia así como la autenticidad y una vez más, coherencia, del conjunto.

No nos faltan por lo tanto, los ingredientes: buen reparto, fotografía, música y historia emotiva; quizás Alexander Payne no ha conseguido sacar el máximo partido a todos estos elementos quedándose en una historia seductiva pero previsible. El director no es claro en sus intenciones intentando dotar de pretensiones de cine indie a una película de corte comercial con una gran estrella como actor principal y una clara inclinación para arrasar en taquilla y gustar a todos los públicos. Quizás sea esta contradicción lo que más me ha alejado del mensaje de la película. Los descendientes es divertida, entretenida e intensa a partes iguales, pero más allá de estas virtudes, no llega al nivel de trascendencia que el director le pretende imprimir.