Crónica Film África 2012 (Londres)

El mayor Festival de cine africano de Inglaterra se ha celebrado durante 11 intensas jornadas en Londres con un programa de más de 70 películas y más de 30 directores invitados que visitaron la ciudad durante estos días y asistieron a los pases de sus películas para responder a las preguntas del público.

La oferta del Festival no se ha limitado solo a los pases, ofreciendo una amplia variedad de eventos culturales desde workshops gratuitos hasta actividades para la familia abarcando incluso una fantástica programación de música africana en directo.

Entre las secciones del festival se ha contado con una gran variedad de géneros y formatos: ficción, documentales, animación y cortometrajes en los que se han tratado temas tan diversos como la música, la política, el deporte o la discriminación al colectivo de LGBT, con especial énfasis en esta última. Un ejemplo de ello ha sido la aclamada Call Me Kuchu (2012, Uganda/ USA, Katherine Fairfax Wright and Malika Zouhali-Worrall), recientemente estrenada en las salas londinenses, un documental sobre el día a día de David Kato, el primer hombre abiertamente gay en Uganda, y su lucha contra la amenazante propuesta de castigar la homosexualidad con la cárcel o incluso la muerte.

Desde el año 2008, aunque hasta el pasado 2011 el festival no fue renombrado como el “Film Africa”, Londres ha celebrado la influencia de este continente en la ciudad y insistido sobre la relevancia de África sobre Inglaterra y sobre el resto del mundo. Fundado por la Royal African Society con la colaboración de SOAS, La Universidad de Londres, el Film África ha cerrado esta edición con la satisfacción de haber estado a la altura de la exigencia de su público y sus intenciones pese al momento de dificultad económica atravesado, en el que los gobiernos de Europa están retirando las ayudas a este tipo de eventos culturales y instituciones. Conscientes de este privilegio, los organizadores del Festival han valorado la edición de exitosa y cogido fuerzas y motivación para encarar el futuro del evento.

An African Election (2012, Suiza/ EEUU/ Ghana, Jarreth Merz)

An African Election, una película documental sin precedentes sobre el proceso de unas elecciones en África, concretamente las de Ghana en 2008, nos sitúa de pleno dentro del marco del Festival.

Jarreth Merz sigue a los jugadores clave en estas elecciones durante los casi 3 meses previos a la votación y nos muestra los entramados de la maquinaria política de un país tercermundista que persigue su legitimación democrática.

Desde la ajetreada campaña política, pasando por la cada vez más irascible atmósfera del país (en el contexto de estas elecciones), la caótica organización interna, hasta el intenso recuento de votos, las dudas de fraude o la sentencia final, Jarreth Merz se acerca a este proceso y lo captura como si de un thriller político se tratara, con toda la emoción y espectacularidad inherentes.

El documental pretende abarcar un amplio rango de puntos de vista en las entrevistas realizadas. Aún así, como lamenta el director, una película de esta talla nunca puede vanagloriarse de la objetividad absoluta, incluso acostumbra a ser necesario cierto enfoque para no perderse en la generalidad del tema y poder profundizar más en algunos aspectos. Cabe añadir que los compromisos y responsabilidades de todo el personal de la campaña en pleno desarrollo dificultaron poder contactar con ciertas personalidades o disponer de más tiempo para entrevistas, hecho que también determinó en algunos casos su presencia en el producto final.

El director consigue interceder en los espacios y momentos más privados de las elecciones cómo en la sala de reunión de la comisión electoral donde se reciben los recuentos de votos y en la que se viven los momentos de más tensión, acentuada por la naturaleza controvertida que conllevaron estas elecciones. Asombrosamente, la cámara logra pasar desapercibida literalmente, consiguiendo algunas escenas tan claves como magníficas.

El director, cuya presencia nos acompañó durante el pase y en la posterior rueda de preguntas, explicaba que parte de la facilidad de acceso a los espacios y las personalidades que se disponen a hablar ante la cámara se debe a su vínculo con Ghana, país donde vivió una parte de su vida.

Finalmente, el documental quiere ser un ejemplo para todo el continente africano, una demostración del funcionamiento y la viabilidad de la democratización en África. Con este fin, el director y su equipo realizaron una gira posterior al estreno de la película recorriendo varios países africanos, proyectando la película con el fin de hacerles llegar su mensaje.

The Assassin’s Practice (2012, UK/ Nigeria, Andrew Ukoko)

The Assassin’s Practice de Andrew Ukoko quién también asistió al Festival, es un thriller poco convencional sobre un corredor de bolsa que contrata a un asesino a sueldo para acometer su propio suicidio y así asegurar a su mujer y a su hija con una buena pensión.

Lo que el inversor no puede imaginar es que la persona contratada resulta ser una psicópata cuyos intereses o motivaciones le llevarán a saltarse los esquemas del encargo a su antojo.

La falta de convencionalidad es, en esta ocasión, negativa, ya que el resultado de esta absurda mezcla de géneros carente de intención da lugar a una obra que roza lo ridículo y de cuyos elementos no se salvan ni el guión, ni los actores (cuya mala interpretación resulta insuperable) ni siquiera la edición sonora que quizás para enfatizar la comedia acaba resultando exagerada y molesta. Lo que podía parecer un buen detonante inicial, necesita pocos minutos para estropear las expectativas hasta un estado de no retorno y en cambio, se prolonga en este estado durante los siguientes 83 minutos.

Beauty (2011, Sudáfrica, Olivier Hermanus)

El director Olivier Hermanus retrata a un hombre de mediana edad que vive su aparente cómoda existencia sobre el lecho de una gran mentira. François (un espectacular Deon Lotz) es incapaz de aceptar su condición sexual y, en consecuencia, reconocerla frente a la sociedad, una Sudáfrica cargada de prejuicios y racismo, situación que le lleva a un auto rechazo y un sentimiento miserable que lo devora lentamente.

Con una fantástica entrada, Hermanus destapa un distintivo uso de la cámara desde la primera escena que remite al voyeurismo más acusado, con la cámara moviéndose lentamente a través de la muchedumbre en un banquete de una boda en Bloemfontein (Sudáfrica) hasta dar con Christian (el actor y modelo Charlie Keegan) que desde el primer momento captura la atención del protagonista así como la del espectador con el encanto de aquél que sabe que posee el poder de la seducción.

A partir de aquél encuentro, François empieza a experimentar una creciente atracción hacia el chico que se descontrola hacia una peligrosa obsesión precipitando la historia a un trágico final. François canaliza sus necesidades ocultas a través de los encuentros secretos con un grupo de hombres de su misma condición pero de vuelta a su realidad esconde sus sentimientos detrás de su inexpresivo rostro. Este sufrimiento en silencio nos recuerda al que padecía Michael Fassbender en Shame. Como en esta última película, el personaje se intenta desglosar en su total complexidad, pretendiendo crear al mismo tiempo una sensación de rechazo y empatía aunque en el caso de Beauty el primer sentimiento acaba ganando terreno, sobre todo después de la perturbadora escena final.

Beauty nos habla sobre la belleza y sobre la obsesión de poseer el objeto deseado pero también sobre la frustración y el resentimiento que deriva en la violencia. Todo esto, en un escenario con una relativamente reciente transición (el apartheid comenzó a desaparecer a mediados de los años 90) pero aún con muchas marcas del viejo sistema en la sociedad, con todas las reminiscencias de racismo y de intolerancia.

El deseo contenido, la rabia, la vergüenza, el odio, todo lo expresa esa mirada espectacular de Deon Lotz cuya actuación consigue estremecerte. Pero no es el único elemento que consigue trasladar la tensión al espectador. También el sonido recibe un trato muy especial en esta película. I es que este aparece acertadamente en los momentos de máxima intensidad, como una especie de ruido molesto del que solo conseguimos percatarnos cuando desaparece por completo dejando paso al sonido ambiente. También se utiliza el silencio en el sentido opuesto, cuando François está en la burbuja de su mente y de repente, regresa a su mundo de apariencia.

His Majesty’s Sergeant (2010, Ghana, Ato Yanney)/ Burma Boy (2011, Nigeria/ UK, Barnaby Phillips)

La invasión de Japón a Birmania (conocida actualmente como Unión de Myanmar) a finales de 1941 desencadenó la campaña más prolongada librada por las fuerzas británicas en la Segunda Guerra Mundial. Alrededor de 100.000 soldados africanos fueron tomados de las colonias británicas para luchar en las selvas de Birmania hasta la derrota japonesa a mediados de 1945. A estos héroes anónimos rinden homenaje las dos películas que se proyectaron conjuntamente en el Film África: la película de ficción His Majesty’s Sergeant de Ato Yanney y el documental Burma Boy del periodista de la BBC Barnaby Phillips.

His Majesty’s Sergeant

El orden en que se proyectaron las películas no fue aleatorio, primero vimos la película de ficción, una representación más teatral (el escenario de la cueva es prácticamente el único donde se desarrolla toda la historia) que cinematográfica sobre la relación entre tres soldados del bando británico, un indio, un africano y un británico que se encuentran refugiándose en una cueva en medio de una batalla.

Los tres desconocidos empiezan una conversación formal que no tarda en denigrarse a la mínima que Jake, el soldado británico, siente la necesidad de afirmar su asumida superioridad racial. Incluso cuando Jafa salva a Jake quién cae en una trampa del enemigo, su odio hacia él no cesa.

Lejos de la típica película bélica, Ato Yanney pone el acento en este caso en el asunto psicológico que comportó para los soldados de las colonias el hecho de estar luchando una guerra para defender la libertad de sus colonizadores. Por lo tanto se centra en estos tres personajes, y sobre todo en la lucha personal de Jafa, el sargento africano, en contra del racismo y a favor de la equidad. La versión proyectada es una remasterización de la original de Ato Yanney (1980).

El periodista Barnaby Phillips siempre había querido remediar la poca justicia que le ha hecho la historia a este suceso. El mayor reto con el que se encontró a la hora de conceber Burma Boy era encontrar gente implicada que aún estuviera con vida, pero no tanto testigos de oficiales británicos cuyas memorias ya había leído en libros y documentos, sino encontrar una voz para la otra perspectiva, una voz africana. Y de ahí la gran alegría al caerle a las manos el testimonio de 60 páginas de un soldado nigeriano llamado Isaac Fadoyebo.

A partir de este descubrimiento, el periodista decidió empezar su aventura consiguiendo contactar con su principal protagonista que aún seguía viviendo en Nigeria. Este, a su vez, le llevó a una familia pobre de Birmania que durante la guerra le rescató herido en la selva dándole cobijo y alimentándolo durante meses aún sabiendo que arriesgaban sus vidas si eran descubiertos por los japoneses.

Con rigor periodístico y en un formato de documental convencional (el periodista aparece en cámara como presentador de los hechos y narrador), el documental conforma una pieza interesante por su valor testimonial, pero quizás con un sobrecargado valor sentimental que se le da a la historia del personaje. El documental termina con la emotiva entrega por parte de Phillips de una carta de agradecimiento que Isaac escribe a la familia que le salvó la vida en un heroico gesto de humanidad.

Lust (2011, Egipto/ Francia, Khaled El Hagar)

Lust se adentra en las vidas de los habitantes de una calle marginal en Alejandría, Egipto, en un contexto pre revolucionario. Cada personaje guarda su propia historia tras las puertas de su casa, como el caso de Umm Shooq, quien abandonó a su familia para fugarse con el hombre al que amaba.

Con ello, lleva una vida pobre al lado de su marido, sus dos hijas y un tercer hijo que padece una grave enfermedad. Debido a la falta de recursos, la familia es incapaz de reunir el dinero necesario para el tratamiento del niño, y Umm Shooq cae en un estado de amargura y depresión que le lleva a actuar con sus hijas de manera que sus intentos de protegerlas solo consiguen ahuyentarlas cada vez más.

En un intento desesperado para conseguir el dinero para su hijo Umm Shooq deberá viajar a la capital. El contraste entre esta y su casa es abismal, y allí encontrará la forma de aprovecharse de su anonimidad para conseguir dinero de forma fácil y rápida, método que se acaba convirtiendo en su forma de vida, realizando viajes semanales entre el Cairo y Alejandría. En su ausencia sus dos hijas buscan la forma de reclamar su libertad.

Una libertad negada, en primer lugar, por la familia, pero también por el contexto, y sobre todo, por su condición de mujer. A diferencia de algunos vecinos varones, quienes acaban abandonando a sus familias en busca de oportunidades, las chicas se ven obligadas a permanecer allí dejando escapar sus sueños y aspiraciones.

Cabe destacar la gran actuación de Sawsan Badr quién es capaz de estar a la altura de la complejidad de su personaje que pasa de un estado de cordura a la completa locura en cuestión de segundos.

Restless City (2011/ EEUU/ Andrew Dosunmu)

Nueva York des de los ojos de un inmigrante senegalés puede ser una ciudad muy distinta a la foto idílica que se le puede atribuir desde la perspectiva del turista o el neoyorkino de nivel medio-alto. Djibril llega a la Gran Manzana escapando de la pobreza extrema en busca de oportunidades, de una vida mejor.

Allí, quienes le acogen como en casa son sus semejantes, quienes se ganan la vida en Harlem con negocios ilegales. Djibril vende discos piratas en la calle pero su vocación es la música y su sueño, poder vivir algún día de ello. Su carácter solitario y pacífico le ha llevado a sobrevivir hasta el momento sin preocupaciones pero sin quererlo conoce un día a una chica de la cual se enamora y cuyos problemas le acaban implicando.

La fotografía de la película se cuida de mantener una coherencia estética, aportando una personalidad propia a la ciudad, a la atmósfera, a este Harlem de rojos predominantes que envuelve la historia en una mezcla entre calidez e irritación. La escena final nos recuerda al trágico pero magnífico desenlace de la obra maestra Al Final de la Escapada (Jean-Luc Godard), en el que el cuento de hadas queda tan solo en la historia de amor de los personajes, quienes son incapaces de controlar sus destinos.

Andrew Dosunmu captura el pulso dinámico de Nueva York en el entorno de una comunidad africana en la ciudad, una mirada hacia una cultura que acostumbra a pasar desapercibida o simplemente resulta indiferente a los neoyorkinos.

Mama África (2011, Alemania, Mika Kaurismäki)

El Film África 2012 cerró sus puertas con una gran apuesta documental, Mama África, de Mika Kaurismäki, un fantástico tributo a una mujer excepcional, Miriam Makeba (1932 – 2008), quién dio voz, a través de su música, a su tierra, Sudáfrica y a todo el continente africano.

Desde sus primeras apariciones en público hasta su último concierto, Kaurismäki recrea la trayectoria de la cantante y activista, completando las magníficas imágenes de archivo con una serie de entrevistas a familiares, amigos y discípulos de esta figura tan extraordinaria.

Debido a sus ideales políticos y a su implicación y persistencia en cambiar las cosas, su música fue vetada en primer lugar en su Tierra, Sudáfrica, y luego en Estados Unidos, que vieron con malos ojos su relación con el activista Stokely Carmichael, por lo que regresó a Guinea desde donde siguió luchando en contra del Apartheid.

El gran mérito de este documental recae sin duda en la exhaustiva búsqueda de material, la complicada selección y la posterior acertada edición, que aporta una narrativa perfecta a todo el conjunto resultando una pieza que consigue despertar el interés y la emoción por la historia de esta mujer. Cada imagen interactúa intencionada y perfectamente con la anterior, la siguiente y con toda la pieza.

Primero nos engancha su música, luego esta carita angelical de joven que empieza a comerse el mundo y progresivamente, sus ideales, su compromiso y su carisma.

La proyección fue precedida de la entrega de premios. El galardón al mejor cortometraje recayó sobre el peculiar Umkhungo (The Gift), de Matthew Jankes, cuyo pase se proyectó antes del documental, una historia de ciencia ficción y poderes sobrenaturales que bien podría tratarse del preludio de un largometraje. Por su parte, Fluorescent Sin (2011, Amirah and Wafa Tajdin) se llevó la mención especial.

En cuanto al Premio del Público, este fue para Nairobi Half Life de David Tosh Gitonga, historia de un joven keniata aspirante a actor que sueña con triunfar en la gran ciudad de Nairobi.

Aparte de los premios hubo más sorpresas, en concreto una invitada especial, la cantante Joyce Moholoagae que hizo una pequeña actuación antes y después de la entrega de premios en la que el público acabó participando como coro. Sin duda una buena forma de entrar en situación para la película que estábamos a punto de presenciar. También una forma calurosa y amigable de poner fin al Festival.

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Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña Sitges ’12

Breve paso por el Festival de Sitges con tres películas bien distintas como lo son las impresiones que me han causado. Os dejo con mi visión personal de The Chained, Cosmópolis y Beasts of the Southern Wild.

El primer pase al que asistí fue The Chained, (Jennifer Lynch, 2012) largometraje de una directora que ya dejó huella en una edición anterior del festival (2008) con Surveillance y cuyo apellido todos identificamos con un pilar dentro del género del terror psicológico como es su padre, David Lynch.

The Chained posee una base potente, una idea terrorífica que pretende incomodar, hacer reflexionar sobre la pérdida de la infancia y, aunque su desarrollo es correcto y consigue crear interés, no va mucho más allá. Quizás esto se debe a lo complicado que puede resultar hoy en día crear impacto, mostrar una imagen y, consecuentemente, desencadenar una emoción desconcertante.

Me vino a la mente el secuestro de Antonio Banderas en la macabra La piel que habito de Pedro Almodóvar en la que el desequilibrado cirujano mantiene a su preso encerrado en su casa haciendo con él lo que se le antoja. En aquella película los fines son bien distintos y el enfoque surrealista del drama roza lo cómico. No es este el caso de The Chained, que lo que pretende es crear una sensación realista de progresivo malestar aunque le falta este punto trepidante que posee la otra, que mantenga in crescendo el interés del espectador. Ambas reducen prácticamente el escenario a la casa, para reforzar la sensación de aislamiento, de cárcel para el secuestrado. Los actores, tanto el psicópata Bob como el joven a quién este apodará con el nombre de Rabbit, me parecen correctos pero sin llegar al nivel de interpretación que para mí requieren estos personajes.

A parte de esto, hay un par de temas que alejan al conjunto de ser una película que deje huella: la primera, son las obviedades y los tópicos, como que el asesino recuerde que su padre le pegaba de niño y por esto se ha convertido en lo que es; la segunda, la locura de final que no podría resultar más forzado e inverosímil.

A continuación me quedé al pase de Cosmopolis. Grandes expectativas para la nueva entrega de David Cronenberg que se vieron bastante frustradas al ver el resultado. Ante todo, decir que el reto de adaptar la novela homónima de Don DeLillo no parecía de entrada tarea fácil. El resultado es una película muy ambiciosa, con algunas ideas muy conseguidas y interesantes y otras que a mi parecer se pierden por si solas con tanta pretensión.

Con estas últimas me refiero a los excesivos diálogos en una sucesión de escenas que, aunque traten temas interesantes, no hay formar de cohesionar para adquirir un sentido global. A mi parecer, falta perspicacia, profundidad y concreción. Las visitas que se  van encadenando en el interior de la limusina no tienen el suficiente interés para sustentarse  por sí solas como pequeñas unidades narrativas, que supongo sería la intención del director. Y tampoco acaban de encajar en un todo, como si se intentara construir un puzle con piezas que no le pertenecen. Se plantea mucho contenido interesante pero inconexo y que acaba aburriendo. Solo al final, cuando Packer cae en el escepticismo absoluto y parece enloquecer, da la impresión que la pieza empieza a tomar cierto interés, ritmo e incluso sentido.

A parte de esto, como también he comentado, el tema de la limusina creando un espacio que difiere totalmente del mundo exterior, ajeno al tiempo, a la velocidad, incluso al mundo, y este personaje enigmático, maniático y controlador que maneja el mundo con afán de poder y riqueza desde su guarida, son realmente dos aspectos muy bien pensados y adaptados. Creo que a todos nos ha sorprendido la impecable interpretación de Robert Pattinson que con este papel se ha desmarcado con creces del icono juvenil de vampiro sexi que se ganó con las entregas de Crepúsculo. Pattinson borda el papel de frialdad y hastío que va creciendo dentro de sí y que le lleva a la autodestrucción. La perfección técnica de la imagen es también digna de mención.

Finalmente me topé con una pequeña joya, el regalo para los sentidos que me pareció Beasts of the Southern Wild, ópera prima de Benh Zeitlin, un cuento que narra la historia de un reducto de la sociedad que sobrevive autosuficiente y apartado del mundo, en una pequeña isla. Allí, los niños como Hushpuppy crecen libres, salvajes y con una idea muy personal y particular de lo que es el mundo que les rodea.

“Bathtub” (la bañera) es el nombre con el que bautizan sus habitantes su pequeña isla. Hushpuppy vive allí con su padre, un hombre temperamental cuyo carácter se acentúa con la frecuente ingesta de alcohol. Según él, y a lo que Hushpuppy se aferra con la fe ciega de cualquier niño hacia su padre, son afortunados de vivir en “el lugar más bonito de la tierra”. Pero allí todos saben que el fallo de una pequeña pieza en el engranaje global puede desencadenar la devastación absoluta y dejar a su pequeña comunidad inundada en la profundidad de las aguas provenientes del deshielo. De esta manera, todos viven con el temor a una inminente tormenta que pueda destruirles aunque el planteamiento de la historia en sí parece desarrollarse ya en un ambiente post apocalíptico.

Hushpuppy vive en su mundo de ensueño, acompañada de la presencia de su madre que según la información de su padre “se marchó nadando” un día y en conexión constante con los animales, reales y fantásticos que pertenecen, como ella, al microcosmos que representa la bañera dentro del inmenso universo. Dentro de este mundo ideal, tendrá que plantarle cara al miedo y no llorar, como le enseña su padre, para soportar con serenidad las adversidades.

Para el rodaje de la película se utilizaron localizaciones devastadas por el Katrina en la bahía de Louisiana y se construyó, con un escaso presupuesto, el detallado universo de Bathtub. La música aporta un elevado tanto por ciento de la fuerza y magia de la película. Pero el mérito queda repartido a partes iguales entre ésta, los actores (es sorprendente el potencial interpretativo de la pequeña Quvenzhané Wallis y el padre, Dwight Henry, ninguno de los dos actores profesionales) y la imagen cálida y brillante, buscando la magia en todo momento.

CRÓNICA 20ª MUESTRA INTERNACIONAL DE FILMES DE MUJERES

La proyección de la primera película de la muestra al aire libre inauguraba el certamen de filmes de mujeres y también la temporada de cine de verano. Temperatura ideal, ambiente cinéfilo y curioso; las sillas preparadas para la ocasión que se llenaron en menos de 15 minutos y, al empezar, silencio absoluto en toda la plaza, todos preparados y predispuestos a disfrutar de la película Siempre Feliz dirigida por Anne Sewitsky.

Siempre Feliz (Noruega, 2010) – Anne Sewitsky

El escenario de esta simpática historia romántica se sitúa en un pequeño pueblo de Noruega, donde vive Kaja, interpretada por una espléndida y feliz Agnes Kittelsen, con su marido y su hijo. La llegada inesperada de un matrimonio que, con un niño adoptado, se instalan en la casa de enfrente, sumados los posteriores encuentros y desencuentros entre las dos parejas, ayudan a Kaja a reaccionar, a ver más allá de su nube de felicidad permanente recuperando la autoconfianza que nunca tuvo, llegando al punto de plantearse vivir para ella misma y no a través de los demás, tal y cómo había hecho hasta ese momento.

La amistad entre las dos parejas se desarrolla paralelamente a la de los niños, quienes al margen de todo, forjan una inocente y sincera -pero a la vez desconcertante- relación en la que el racismo se convierte (peligrosamente) en un juego de niños.

El cuarteto musical que, entre secuencia y secuencia, nos regala un tema a voces a modo de narrador de una obra teatral, mantiene el tono de la historia así como una estructura que tiene como protagonista la música.

Anne Sewitsky nos regala un film alegre, optimista y musical. Un modesto pero logrado retrato de algunos comportamientos de la sociedad contemporánea a través de estos cuatro personajes y un escenario de cuento.

De cierta manera (Cuba, 1974) – Sara Gómez

En la Filmoteca de Cataluña, la proyección de De cierta manera recuperó la ópera prima de Sara Gómez, una obra cuyo lenguaje transgresor y innovador para la época y el lugar en la que fue creada, la Cuba de 1974, nos explica los cambios sociales tras el triunfo de la revolución cubana, en 1959, en un grupo marginal de la población.

Técnicamente imperfecta pero con las intenciones muy claras, esta obra es la primera incursión en la ficción de la directora, aunque lo entrecruza con el género documental: el naturalismo, la participación de personajes reales, los testimonios verídicos, o el narrador que aparece solo al principio, son algunas de las claves del género documental que Sara Gómez utiliza en su película.

La reforma de un antiguo barrio marginal cubano es, a la vez, el telón de fondo de la historia y su protagonista. Los personajes principales de la ficción son dos de los agentes activos en esta transformación del barrio y, con ella, el intento de transformación de la sociedad que lo habita: un obrero y una profesora que se conocen y se enamoran.

Con la voz en off del inicio, y con tono completamente didáctico, Sara Gómez nos introduce en la situación marginal del barrio de Miraflores, plasmando también los cambios sociales que se estaban produciendo a toda velocidad en la Cuba post revolucionaria. Temas como la situación de desplazamiento del barrio respecto al sistema de producción, el bajo nivel educativo y la conservación de la cultura tradicional vuelven a aparecer de nuevo en la parte de ficción, en conversaciones o situaciones en las que se encuentran los personajes.

La autenticidad y naturalidad de los dos actores contribuye a la buena integración de la ficción dentro del documental. Así pues, el carácter fuerte, seguro y de mentalidad moderna de la profesora es un guiño al feminismo, postura con la que la directora se sentía muy identificada. Una obra fresca, breve, con diálogos cómicos y muy valorada dentro del cine cubano por su lenguaje y pretensiones.

Attenberg (Grecia, 2010) – Athina Rachel Tsangari

Es de alabar que haya directores de cine en Grecia intentando tirar adelante proyectos desde su país, y buscando atención internacional por algo más que por el desmorone en el que se encuentran, en un momento en que el apoyo a las artes y a la cultura es prácticamente inexistente y en consecuencia, todo el sector creativo del país está emigrando en busca de lugares donde obtener recursos para seguir creando.

De la misma procedencia que la reciente Alps de Yorgos Lanthimos (de la que la directora de la película que nos ocupa participó como productora), salida del mismo contexto, llevada a cabo con circunstancias parecidas y con un lenguaje en ambos casos muy personal y peculiar, Athina Rachel Tsangari nos presenta Attenberg , una obra totalmente introspectiva, en cuanto al mundo interior de sus dos protagonistas se refiere y también al del estado de ánimo del país, más indirectamente.

Marina vive con su padre, un arquitecto que padece una enfermedad terminal, en una pequeña ciudad industrial de la costa. Las únicas personas con las que se relaciona son su padre y su amiga Bella, con quién comparte una relación de amor y odio. Marina pasa horas mirando documentales de animales, a quienes parece entender mejor que a los propios humanos, especie con la que no se siente identificada y de la que ha decidido apartarse voluntariamente. Justo en el momento en que su padre se está preparando para la muerte, aparece un chico en  la ciudad quién despertará en Marina las ganas de experimentar en materia de relaciones humanas.

La relación entre Marina y su padre, sin despojarse del todo de esta barrera de frialdad y apatía que envuelve a todos los personajes, es quizás la más cercana, por la unión que existe entre ambos. Por su parte, la fotografía muestra con fidelidad y precisión la desolación del paisaje y de los personajes. Los juegos sin sentido de las dos amigas y sus incomprensibles salidas dan un contraste, a través del humor absurdo, al tono melancólico y gris de la historia.

Agnès de ci de là Varda (Francia, 2011) – Agnès Varda

Berlín, Río de Janeiro, O Porto, Venecia, Los Ángeles o Ciudad de México son algunas de las ciudades a las que Agnès Varda viaja con su videocámara y de las cuales rescata lugares, personajes y sobretodo situaciones, con las que, a modo de pequeñas piezas de un diario personal, construye una narración para regalarnos, desde su visión personal, experiencias sobre arte, cine y sus creadores.

Estas historias han sido editadas formando 5 capítulos de 45 minutos cada uno, que funcionan tan bien individualmente como en conjunto. La introducción de cada pieza consta de una poética imagen audiovisual en la que las ramas de un tronco rebrotan en el jardín de Varda y, poco a poco, entre idas y venidas de la artista, van creciendo representando el paso del tiempo.

En sus viajes, Varda participa como espectadora activa de sus experiencias, y de cada una de ellas extrae una sugestión, una reflexión, una idea o incluso a veces una pieza de arte. Rescato algunos momentos como la breve interpretación cinematográfica sobre las vidas de unos personajes que aparecen en una fotografía que cae en las manos de la cineasta por azar; los retratos rotos a partir de un espejo hecho añicos; o su representación en dos planos del mar, uno estático y el otro en movimiento.

Personajes de la talla de Manuel de Oliveira, Miquel Barceló, Christian Boltanski o su mujer, Annette Messager, nos abren las puertas de sus casas, talleres o personalidades, en breves fragmentos de conversaciones que mantienen con Varda en las que nos llevan a situaciones tan interesantes como un happening en el que Barceló juega con el barro y la maleabilidad de esta materia, o los secretos de convivencia entre una pareja de artistas reconocidos.

Curiosa por naturaleza, Varda nunca se queda con una pregunta en la cabeza, con lo cual siempre saca algún aprendizaje de sus encuentros, aprovechándose de su divertido físico y su simpática y tierna sonrisa, con los que allí donde va es recibida con los brazos abiertos. En resumen, Varda nos regala su diario personal y construye a partir de este, unas obras frescas, divertidas y interesantes transmitiéndonos sus ganas de conocer y inspirándonos a ir por el mundo con una mirada más atenta.

Golden Eighties (França, 1986) – Chantal Akerman

Este musical romántico tiene lugar entre las paredes de un modesto centro comercial parisino, en donde parece que los personajes que allí trabajan, entre la tienda de ropa, la peluquería y el bar, no se preocupan de otra cosa que del amor.

Así resulta que tanto los diálogos como las letras de las canciones, intencionalmente de lo más simples y absurdas, así como la caracterización de los personajes, cuentan con todo lo kitsch y “ñoña” de la estética de los ochenta pero también con lo ridículo y divertido que toda esta moda conlleva a ojos del público actual.

A todo esto el espectador responde con risas a algunos diálogos o números musicales, como el divertido número de la peluquería en que las chicas cotillean sobre el rollo de la noche anterior de Robert y Lili, y que termina con la aparición de la afectada prometida de Robert, Mado, delante de la cual las chicas dejan de cantar y vuelven a sus tareas intentando ocultarle la verdad.

Los colores, decorados y bruscos movimientos de cámara le dan más intensidad a esta estética ochentera, cuyo guión lleno de estereotipos llega a rozar la parodia, dando la sensación que la obra se ríe de si misma.

El Tesoro de América – El Oro de Pascua Lama (Chile, 2010) – Carmen del Castillo

Magnífico documental y ejercicio de investigación que lleva a cabo Carmen del Castillo, quien junto a su reducido equipo de trabajo nos acercan a la explotación minera de oro en Chile. Con una amplia lista de interlocutores, la directora pretende recoger testimonio de todas las posturas e intentar llegar a crearse una opinión propia acerca del conflicto.

En pleno desierto de Atacama, en el valle de Huasco, se alberga la mayor reserva de oro del planeta. Para la explotación de esta reserva es necesario usar productos muy tóxicos como el mercurio, el arsénico o el cianuro. Debido a estos productos, el riesgo de que se contamine el agua del río que riega todo el valle es demasiado alto, considerando que se podría acometer un daño irreparable a este paraje natural y a su ecosistema, de valor incalculable. Así lo denuncia este trabajo, pues tal y como dice un testimonio afectado por el proyecto: “si se daña esto, no habrá forma de repararlo, no habrá nadie dispuesto a poner dinero para recuperarlo”.

Inevitablemente, la valoración se decanta con facilidad hacia los agricultores afectados y en contra del proyecto, aunque se llegan a entender ciertos razonamientos de los empresarios de la multinacional canadiense Barrick Gold o de algunos empresarios que dejaron de lado sus ideales para subirse al tren de la globalización.

No dejan de sorprender los testimonios de algunos trabajadores chilenos que, debido a su bajo nivel de cultura y a su pobreza, acaban aceptando con buena cara, hasta convenciéndose de que es algo positivo para la población, el proyecto que puede destruir su tesoro patrimonial, ya sea por promesas de trabajo o avances tecnológicos que, aunque a ojos del espectador europeo se ven ridículos, significan mucho para ellos.

Las imágenes de los paisajes son de una belleza salvaje, todas ellas contienen poesía; de ahí que se cree un contraste tan chocante con las imágenes de las excavadoras atacando dicho paisaje. La música ayuda a realzar este discurso, apoyando la grandilocuencia de la imagen y fundiéndose a la perfección con esta.

La selección de los personajes, protagonistas principales del conflicto, está cuidadosamente elegida para intentar mostrar las opiniones más plurales y representativas posibles. Sin duda, una película que no deja indiferente, sino más bien al contrario, obliga al espectador a participar del dilema y a tomar una postura al respecto, a reflexionar sobre las visiones del mundo que se plantean y que desgraciadamente no dejan de ser irreconciliables.

Ferida Arrel: Maria-Mercè Marçal (film colectivo, 2012)

Un proyecto que surge del azar, 22 directoras y una inspiración común: la figura y poesía de Maria-Mercè Marçal. De esta combinación surge el homenaje a esta poeta, en forma de 22 piezas muy personales que se inspiran en sus poemas para reflexionar sobre temas importantes en la vida de la autora, que esta comparte con tantas otras mujeres, como son la maternidad, el cuerpo, el arraigamiento a la tierra o el enfrentamiento a la muerte.

La primera historia despierta la curiosidad del espectador, gracias a una propuesta que usa el lenguaje de la danza contemporánea para hablar del cuerpo de la mujer, de su origen y su relación con la tierra, la naturaleza, a través de una poética danza en la que una bailarina se integra y se funde con las ramas de un árbol.

Le sigue la pieza de Judith Colell. En esta, de la forma más didáctica posible, nos presenta a modo de introducción la vida y obra de la poeta, acercándose a ella des del punto de vista de dos adolescentes que realizan un trabajo de instituto sobre esta.

También cabe destacar el trabajo de Rosa Vergés, en el que Anna Lizaran recita un poema de Maria-Mercè Marçal. Después de la contundente frase “la vida se le escapó por el pecho” esta da paso a una sucesión de obras de arte de todas las épocas y estilos artísticos, representando a mujeres mostrando uno o los dos pechos en alusión a la feminidad, la maternidad o, en algunos casos, la enfermedad.

De gran valor es la aportación que la hija de la poeta, Heura, hace para tirar este proyecto adelante. Los poemas que Maria-Mercè Marçal dedicó a su hija son abundantes y algunas de las directoras han querido plasmar este amor maternal. Por ejemplo Lydia Zimmerman, quien utiliza algunas imágenes de archivo sobre la pequeña Heura jugando con un vestido blanco en la terraza de su casa. En otra pieza, Heura y una amiga de su madre reconstruyen el momento del parto de esta a través de un álbum de fotos, la vivencia en directo de la amiga que lo presenció y los recuerdos de lo que le habían contado a Heura.

A través de estas historias, unidas por Fran Ruvira y acompañadas por la preciosa voz de Sílvia Pérez Cruz, que convirtió en canciones algunos de sus poemas, se nos ofrece la oportunidad de acercamos a esta figura de un modo íntimo y profundo. Maria-Mercè Marçal fue capaz, a través de la escritura, de plasmar vivencias y sentimientos que muchas mujeres de distintas generaciones han vivido y sentido y que aún muchas más mujeres compartirán en el futuro. Esta variedad generacional la encontramos también en estas 22 directoras, cada una de las cuales ha escogido un poema y nos ha regalado una pieza universal.

UFO in Her Eyes (Alemania, 2011) Xiaolu Guo

La clausura de la Muestra tuvo lugar en la plaza Salvador Seguí, donde se encuentra la Filmoteca de Catalunya. Se escogió para la ocasión la película china UFO in Her Eyes , con la presencia de la directora, Xiaolu Guo, que nos presentó brevemente su película en un discurso en el que poco nos desveló sobre su argumento, sino que más bien se trató de una declaración de intenciones y una aproximación al contexto del cual había nacido la idea.

Una tarde calurosa, la vida de una anónima mujer china cambia abruptamente cuando cree ser testigo de la aparición de un ovni sobre el cielo. La líder de su pueblo se aprovecha de este acontecimiento para impulsar la economía local, afectada gravemente por la pobreza. Pero su ambición no tiene límites y los cambios transforman drásticamente el pueblo y su entorno, destruyendo todo lo que entorpece este crecimiento desmesurado.

Con una gran carga crítica completamente explícita, y un detonante tan peculiar como casual y absurdo, esta historia va introduciendo, a menudo de forma caricaturesca pero siempre inspirándose en la realidad, el desarrollo de China en sus últimos 25 años y el fuerte impacto de la inexistente transición entre el comunismo y un brutal capitalismo. Todo ello se escenifica en un pequeño pueblo de agricultores, ambiente perfecto para mostrar de forma más impactante este choque evolutivo tan fuerte que pisoteó a tantos individuos indefensos, anteponiendo el desarrollo de la nación a sus individuos.

Vale la pena mencionar la gran calidad de la fotografía, pues llama la atención desde el primer plano de la película. La fantasía y la realidad no dejan de rozar sus límites en esta historia, pues aunque parece que la primera se antepone, la segunda acaba ganando terreno en un final tan metafórico como abierto, en el que los dos personajes intentan escapar de la fiebre de la sociedad capitalista y construir un futuro empezando de cero.

Con esta película nos hemos despedido un año más de la Muestra, con un gran éxito de público y los objetivos cubiertos. En esta 20 edición se ha demostrado una vez más la consistente trayectoria del certamen, con un público fiel tanto masculino como femenino, interesado en descubrir año tras año la obra de más directoras de cine y de todas partes del mundo. Sin duda, la muestra se ha convertido también en un espacio cultural y una plataforma de exhibición alternativa, cada vez más comprometida con el debate sobre los procesos creativos.

20ª MUESTRA INTERNACIONAL DE FILMES DE MUJERES DE BARCELONA

Del 7 al 17 de Junio regresa La Muestra Internacional de Filmes de Mujeres que, en su 20 edición, sigue ofreciendo una exquisita y cuidada selección de trabajos tanto de ficción como documentales de mujeres de todo el mundo.

Mujeres comprometidas, implicadas, activistas o, simplemente, mujeres con criterio  y ganas de compartir o divulgar conocimientos o historias… nos traen un cine lleno de contenido social, cultural o político que se enmarca en alguna de las múltiples secciones que ofrece el festival.

Son 5 los espacios de la ciudad que este año se repartirán todas las propuestas de la muestra ofreciendo una amplia variedad de temas y estilos: la Filmoteca de Catalunya, Plaza Virreina, el CCCB, Virreina Centro de la Imgen y Centro de cultura de mujeres y Espai Francesca Bonnemaison.

El primer evento destacado es el acto inaugural del festival en la Filmoteca de Catalunya, donde algunas directoras de distintas trayectorias y generaciones han trabajado en el proyecto común Ferida Arrel: Maria Mercè Marçal (2012, Catalunya) que rinde homenaje a la poeta catalana a la vez que sirve a estas realizadoras de espacio de proyección y reflexión sobre la identidad femenina. Algunas de ellas, Judith Colell, Rosa Vergés, Lydia Zimmermann o Francesca Llopis, nos acompañarán en este acto inaugural y durante toda la muestra.

La apertura del festival corre a cargo de la película Siempre Feliz (Noruega, 2012) en la que su directora Anne Sewitsky retrata, con humor ácido, los problemas cotidianos de la relación de dos parejas en un entorno muy peculiar. Todo el que lo desee podrá disfrutar gratuitamente de este pase al aire libre en la Plaza Virreina.

En el marco de este 20 aniversario del festival se estrena la sección, “Una Antología”, donde los mismos espectadores han podido votar para recuperar aquellas películas proyectadas a lo largo de estos 20 años de la muestra y que merecen la pena ser revisionadas. Entre ellas se pueden encontrar autoras tan aclamadas como Chantal Akerman o Naomi Kawase o pioneras del cine como Alice Guy o Germain Dulac.

La sección “El sexo de los ángeles” se adentra de pleno en el tema de la identidad sexual. Este tema es el que tratan, desde puntos de vista distintos, un grupo de directoras que unen sus historias en la película Children of Srikandi (Indonesia-Alemania, 2012). También se proyectará en esta sección Camila desde el alma, (Argentina, 2010) de Norma Fernández, en la que una actriz encuentra, a través de los textos de Garcia Lorca, y de su redefinición personal, personajes que hablan de ella y por ella; una reflexión sobre las identidades heredadas o impuestas de la mano de una travesti que “no es una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre”.

No puede faltar en la muestra una sección dedicada a uno de los componentes más determinantes de nuestra identidad: nuestra historia, ya sea personal o colectiva y el peso del pasado a la hora de proyectar el futuro. En la primera parte de esta sección, “Interrogar el pasado”, Susana de Sousa nos brinda en 48 una radiografía sobre un hecho determinante en la historia de su país, los cuarenta y ocho años de la dictadura de Antonio de Oliviera Salazar, a través de las declaraciones de varios testimonios. Otras directoras llevan su obra a un terreno personal y se sumergen en la historia familiar: Anna Sanmartí nos hace reflexionar sobre la transmisión del conocimiento acerca de la genealogía familiar entre abuelas y nietas o María Paz González Guzmán que con Hijas nos sumerge en la búsqueda que desempeñaron su madre y ella para encontrar a su padre.

En la segunda parte de la misma sección, “Imaginar el futuro”, Athina Rachel Tsangari (Attenberg, 2010) y Milagros Mumenthaler (Abrir puertas y ventanas, 2011) nos plantean dos historias en las que plasman situaciones o preocupaciones de jóvenes un tanto peculiares en el contexto de la transformación o decadencia de sus países de origen, Grecia y Argentina respectivamente.

Agnès Varda, algunos la conoceremos por su película Los espigadores y las espigadoras (2000), es la invitada especial de esta edición de la muestra. Para la ocasión, se proyectarán unos vídeos en los que la directora reflexiona, con su lenguaje personal y poético, sobre su trabajo y las relaciones sociales entorno a este.

La muestra de cine de la mujer no se quiere olvidar ninguna voz, por esta razón, se ha dedicado la sección “Jóvenes Realizadoras Magrebíes” a todas las mujeres cineastas, bloggers y artistas que se han implicado en la Primavera Árabe. Sur la Planche (2011) de Leïla Kilani y J’ai tant aimé (2008) de Dalila Ennadre son dos de los títulos que podremos descubrir en esta sección.

La carga de una sociedad que fue colonizada puede conllevar enormes consecuencias a su evolución actual. También las lleva, pero diferentes, la de una sociedad colonizadora.  En la sección “Acto de escucha: imaginarios poscoloniales” se reflexiona sobre este concepto ligándolo con otros más modernos como la globalización, la transnacionalidad o el cosmopolitismo. Conflictos cuyo eco mediático se ha extendido por todo el mundo como la guerra colonial de EEUU en Filipinas, la transición política del Congo Independiente o el proceso de descolonización británico de Pakistán y India se nos ofrecen ahora desde el punto de vista de unas cineastas que lo han vivido des de su propia piel y se han embarcado en la responsabilidad moral de contarlo debidamente documentado.

En “Territorios Intervenidos” se reflexiona sobre los espacios, su cotidianidad, valor y funcionalidad y las consecuencias de las intervenciones sobre ellos. Destacamos El tesoro de América – El oro de Pascua Lama (2010) de Carmen del Castillo, sobre las explotaciones mineras en Chile o Encaixonats (2011) de Marta Saleta, retrato de la transformación del barrio barcelonés de Vallcarca.

El Festival reserva también un espacio para el cortometraje: “Cortos en femenino y el video de un minuto”, sección en la que podremos disfrutar de cortometrajes como el ganador del Premio Gaudí en su categoría, Ahora no puedo, de Roser Aguilar. Además, en el espacio “El video de un minuto” se brinda la oportunidad a todas las cineastas de participar en el certamen presentando una obra en plano secuencia de 1 minuto entorno a un tema predefinido desde el festival; este año ha sido “la revolución”.

La sección especial “África es nombre de mujer” se adelanta a las fechas del festival y cuenta con la proyección de la película África se número de mujer (2009), documental realizado por tres reconocidas directoras africanas que vendrá acompañado de un debate con la participación de una de las directoras.

El acto de clausura se llevará a cabo en la Plaza Salvador Seguí, también al aire libre, con el pase de UFO in Her Eyes (2011), adaptación de una novela homónima de la realizadora y escritora Xiaolu Guo sobre el cambio extraordinario que sufre la vida de Kwok Yun al tener la certeza que ha presenciado la aparición de un ovni.

Nos encontramos a las puertas del la 20 edición de un festival que ha apostado por un cine comprometido y de calidad, un cine que en algunas ocasiones se ha topado con ciertas dificultades por conseguir el alcance que se merecía. En esta muestra, la variedad de géneros, temas y puntos de vista nos ofrece la posibilidad de conocer, aprender, reflexionar y disfrutar de la voz de todas estas cineastas que han sabido utilizar el lenguaje cinematográfico para expresarse representando, de este modo, a muchas otras mujeres de su mismo entorno o condición.

PRESENTACIÓN D’A 2012 (27 ABRIL – 6 MAYO)

Después del éxito de la primera edición, arranca la segunda muestra del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona (D’A 2012), con una exquisita selección de las más diversas propuestas contemporáneas de cine independiente nacional e internacional en la que directores ya consagrados comparten pantalla con nuevas promesas que inician su carrera cinematográfica. Los 50 títulos que se proyectarán este año en el festival  se verán repartidos entre 5 secciones, aparte de la especial y las de inauguración y clausura.

Este año, la apertura del festival corre a cargo de Un Amour de Jeunesse (Francia, 2011), de Mia Hansen-Løve, quién dejó huella en el certamen pasado con Le père de mes enfants, ganadora del premio especial del jurado en la sección Un Certain Regard de Cannes 2009. El primer amor es el tema de esta película, un amor intenso, apasionado e inocente que a menudo marca profundamente a los que lo viven, repercutiendo en sus futuras experiencias.

Direccions es la sección principal del Festival, en la que se nos ofrece una selección de películas de cineastas posicionados y destacados dentro del cine de autor contemporáneo, cuya trayectoria de gran calidad no se deja perder rastro por los amantes de este tipo cine a pesar de no tener cabida en los circuitos comerciales habituales. Dentro de esta sección, encontramos una variedad de cineastas de distintas procedencias; desde el brasileño Karim Aïnouz con O Abismo Prateado (Brasil, 2011) que, inspirada en una canción de Chico Buarque, nos ofrece una historia que parte del derrumbe emocional de una chica y nos habla del instinto de superación, con el escenario de un Río de Janeiro y la realidad de sus calles, hasta el director canadiense Denis Côté que presenta una película documental sobre el Parque Safari de Quebec con una mirada muy peculiar y una fotografía que la convierte en un poema visual, desmarcándola de cualquier típico documental de animales. También contamos con la presencia turca con la película Once upon a time in Anatolia (Turquia, 2012), de Nuri Bilge Ceylan que a través de la historia de un asesinato, nos habla en profundidad de unos personajes y de un país. Terence Davies participa también en esta sección con The Deep Blue Sea (Gran Bretaña, 2011), una historia de amor extramatrimonial situada en la reprimida época de la Inglaterra de los años 50 o el reconocido Werner Herzog que esta vez se atreve con Into the Abyss (Alemania/ Canadá 2011) con una propuesta arriesgada en la que se sumerge en la vida de tres condenados por un triple homicidio en Texas y construye un relato en el que parece saber siempre donde observar. Para los amantes de las apuestas más arriesgadas y contemplativas contamos con el trabajo del filósofo y director francés Bruno Dumont con Hors Satan (Francia, 2011) en la que el director, siguiendo en su línea discursiva, continúa indagando sobre la naturaleza humana. También francesa, vale la pena mencionar la película Apollonide (Francia, 2011) de Bertrand Bonello, historia ambientada en un burdel de principios del siglo XX, en el que las trabajadoras esclavas de su propia condición, ven apagarse sus sueños de libertad e independencia entre la decadencia y la enfermedad.

Este año el festival incorpora una nueva sección, Talents, dedicada a nuevas promesas cinematográficas, que con un primer o segundo título a sus espaldas, encaran su futuro en el sector con determinación. Así, descubrimos nuevos nombres que sonarán con fuerza en los próximos años dentro de los circuitos del cine de autor. Apuestas tan interesantes como la sobrecogedora y atrevida Snowtown (Australia, 2011) del director Justin Kurzel cuya dureza nos hará plantear el tabú de la violencia explícita o Loverboy (Rumania, 2011), del rumano Catalin Mitulescu, que nos presenta una historia ardua sobre la realidad de las mafias que convencen a chicas inocentes para hacerlas caer en las redes de la prostitución. También destacamos propuestas como la poética Los viejos (Bolívia, 2011) del boliviano Martín Boulocq. La película L (Grecia, 2012) de Babis Makridis nos brinda una sátira surrealista que se convierte en una de las propuestas más peculiares del festival. Sorpresas como Donoma (Francia, 2011), debut cinematográfico del haitiano Djinn Carrénard, realizada con un presupuesto ínfimo, son un perfecto ejemplo de que se puede hacer buen cine sin recursos. Breathing (Austria, 2011) de Karl Markovics, nos trae la historia de un joven solitario que recién entra en la edad adulta y con ello, nos invita a reflexionar sobre conceptos vitales a los que el joven debe enfrentarse. De la mano de dos gemelos cuya referencia en el cine podemos encontrar en los hermanos Dardenne, Gianluca y Massimiliano de Serio, nos llega una comprometida obra, Sette Opere di Misericordia (Italia/ Rumania, 2011), en la que dos individuos marginados encuentran en el otro una salida a la dureza de su situación. Andrew Haigh nos sorprende con Weekend (Reino Unido, 2011), una historia sobre un fugaz romance entre una pareja gai que aparentemente no cuenta nada que no hayamos visto, y sin embargo es sorprendente por la forma como lo cuenta. Entre otros títulos, destacamos para acabar con esta sección Bullhead (Bélgica, 2011) de Michaël R. Roskam, un trepidante thriller donde mafia, asesinatos, drama e intensidad se mezclan perfectamente en el insólito mundo del tráfico de hormonas para ganado.

La sección Absolut Risc, como bien indica su título, nos presenta las propuestas más arriesgadas y experimentales en las que sus jóvenes directores exploran nuevos lenguajes para contarnos historias. Artistas como Gillian Wearing que nos ofrece con Self Made (Reino Unido, 2011) una propuesta tan interesante como innovadora sobre los procesos de la creación artística, dibujantes de cómic como Carlos Vermut con la inclasificable Diamond Flash (España, 2011) o simplemente jóvenes con talento y mucha visión artística sin formación en el mundo del cine como Jonathan Cenzual, que nos presenta El alma de las moscas (España, 2010), llevándonos a un pueblucho de las entrañas de España en el que dos hermanos se encuentran por primera vez para asistir al funeral de su padre, son algunos de los orígenes de los directores de esta sección que, partiendo de otro campo, nos ofrecen visiones frescas y diferentes del cine.

Lo mejor de la cosecha del cine local de este año se incorpora en la sección dedicada a la Autoría Catalana. Nombres como Albert Serra que nos presenta El señor ha fet en mi meravelles (España, 2011), otra atípica historia que rompe una vez más con toda estructura narrativa tradicional, Judith Colell con Radiacions (España, 2011) que narra el reencuentro de dos viejos amigos alrededor de un asunto turbio o Fran Rovira con Orson West (España, 2011), una innovadora propuesta entre la ficción y el documental. La sección también cuenta con un proyecto recién salido de la ESCAC de una horneada de 13 jóvenes directores que han creado, cada uno aportando su pieza, una fresca y inspiradora historia de amor, Puzzled Love (España, 2011).

Después de la exitosa retrospectiva a Guy Maddin en el pasado Festival de Cine de Autor, este año se rinde homenaje a una figura clave dentro del cine europeo, Claire Denis, mostrando 11 de sus 14 películas en esta retrospectiva dedicada a su figura. Entre estas 11 producciones destacamos la única de ellas que ha llegado a nuestras salas, Una mujer en África (2010), el retorno de la directora al país que la vio crecer, con el contexto de un continente lleno de conflictos, corrupción y subdesarrollo. Destacamos también Chocolat (1988), de dotes autobiográficos, por ser su debut cinematográfico o 35 Rhums (2008), homenaje al maestro japonés Yasujiro Ozu y una de sus obras más radiantes y accesibles. La directora estará presente en esta edición del festival para presentar su ciclo ante el público.

La película Profesor Lazhard (Canadá, 2011) es el cierre de esta segunda edición del festival; dirigida por Philippe Falardeau, la historia nos plantea una buena lección sobre la enseñanza y la educación. En una pequeña escuela de Canadá donde tiene lugar un traumático suceso, un profesor de origen argelino intenta confrontar su trágico pasado y su complicado presente mientras encuentra en la enseñanza una vía de escape.

Todas estas joyas cinematográficas y más, las podremos disfrutar durante la próxima semana en los cines Aribau Club 1 y 2 de Barcelona y en las dos salas de la nueva sede de la Filmoteca de Catalunya. Una gran oportunidad para descubrir un cine que apuesta por los grandes temas o bien por aquellos más efímeros pero siempre desde una mirada crítica, original o reflexiva que nos regala un cine de calidad. Una oportunidad, en fin, de conocer a directores que, lejos de las salas, mueven por circuitos de festivales un cine que vale la pena conocer.

Alain Cavalier en “L’Alternativa 2012” (Ce répondeur ne prend pas de message, La rencontre, Le Filmeur, Huit récits express, Irène)

Le gusta presentarse como “filmador” más que como director. Otra definición asociada a su persona es la de “francotirador del cine francés”. Sin duda, el cine de Alain Cavalier deja huella por su originalidad, ingenio y sencillez.

Alain Cavalier parte de un cine convencional en sus inicios como cineasta y, progresivamente, va depurando su obra hasta llevarla a un terreno intimista, en el cual Cavalier descubre lo que para él constituye la esencia del cine. Sus primeros éxitos cinematográficos se deben a la película policíaca Saqueo en la ciudad (1967, basada en una novela de Donald E. Westlake) y, sobre todo, al drama burgués El amor es un extraño juego (1968, adaptación del libro La Chamade de Françoise Sagan). A partir de estas películas, Alain Cavalier se ha ido desligando de la industria cinematográfica para realizar un tipo de obra cada vez más personal.

En su evolución, el director ha ido prescindiendo de equipos técnicos, actores y demás costes de producción hasta quedarse con una cámara DV y la realidad, la vida misma, como escenario para filmar. Es justamente esta austeridad técnica, lo que le ha brindado a Cavalier un reencuentro con su libertad creativa. Así pues, Alain Cavalier ha pasado de hacer películas de ficción a filmar la realidad tal y como se presenta. Según él, el avance de la tecnología, la posibilidad de hacer cine con cámaras digitales, le ha abierto una puerta a un mundo inexplorado en el que ha descubierto su método de expresión más efectivo.

En 1979 rodó Ce répondeur ne prend pas de message, película en la que el director todavía juega con la ficción, aunque esta vez ya sólo cuente con un actor y una única escenografía. Los demás títulos de la presente retrospectiva (La rencontré, Le filmeur, Huit récits express y Irène) corresponden todos a la última etapa del director, en la cual este elimina cualquier resquicio de ficción, al menos tal y como la entendemos en su forma más clásica. Cada una de las películas de Cavalier constituye, en sí misma, una unidad narrativa que a su vez es un fragmento de la vida del director, existiendo así un fuerte vínculo entre ellas que las convierte en complementarias.

Empezando por La rencontre (1996), Alain Cavalier se desnuda sentimentalmente frente a su público permitiéndole participar de una historia de amor real entre su mujer actual, Françoise, y el propio Alain Cavalier. Un simple objeto, en concreto una pequeña piedra en forma de corazón encontrada en la playa, puede ser una buena excusa para contarnos una historia, un pensamiento, un fragmento de su vida con Françoise. De este modo, poco a poco, vamos reconstruyendo la historia de amor de los primeros tres meses de la relación de estos dos seres humanos.

Curiosamente, el final de la película supuso un quebradero de cabeza para el director, quién era consciente que la historia que estaba contando no tenía un final, sino que tan solo era una fracción de su vida y de sus recuerdos, que continuarían una vez terminada la película. En una de las escenas, en una de las conversaciones con Françoise, ella misma le regala el final de la película de la misma forma que constituye su centro; en ella, Françoise le dice a Cavalier que si muestra todos estos momentos al público dejarán de ser suyos, de ellos dos. A partir de ese momento, Cavalier se queda reflexionando sobre esta frase, para él la más importante de la película, y piensa que es la perfecta escena para el final, añadiendo así su propia reflexión en respuesta a la preocupación de Françoise: aquello que él iba a mostrar al público era tan solo una milésima porción de su historia, todo el resto solo pertenecía a ellos dos.

Los planos cerrados le sirven al director para poner énfasis a los pequeños detalles. De hecho, es en esto en lo que se basan todas sus historias, en los pequeños detalles que en el fondo acaban siendo los que permiten recrear la historia en su máxima dimensión. El trabajo manual es un tema sobre el cual el director pone especial énfasis. Los recurrentes planos de las manos de Françoise nos muestran algunas de sus habilidades, como en el que nos enseña cómo hacer un ramo, a la vez que nos hablan de ella. Este mismo interés por el trabajo manual lo podemos encontrar con todo su esplendor en su anterior obra Portraits (1991), en la que filma los trabajos artesanos de distintas mujeres, trabajos que en su mayoría se han perdido hoy en día, a través de la única imagen de sus manos. Cavalier apuesta por mantener el anonimato de las identidades; lo que en realidad le interesa capturar no es el rostro sino el alma de los personajes. Tan solo en un par de planos aparecen un ojo, un pie o la boca de Françoise. Estos encuadres de la imagen no son aleatorios, al contrario, todos forman parte del juego de dosificar la realidad, de fragmentarla mostrando sólo aquello importante, la esencia, prescindiendo de cualquier información superflua. Cavalier justifica también el uso de planos detalle alegando a las carencias tecnológicas en el momento de rodar esta película. Según él, debido a las propiedades técnicas de las primeras cámaras digitales, la nitidez de un primer plano daba mejores resultados que los planes generales. Así, prefirió aprovechar las posibilidades que le brindaba la técnica en aquél momento.

La rencontre es una oda al amor, principalmente, pero también a  la vida y a su curso cíclico. Alain Cavalier se posiciona como observador contemplativo de una serie de hechos que no indican otra cosa que el paso del tiempo: un reloj que se para, un pájaro que muere, un gato que desaparece…  Los dos relojes de pulsera que no están a la misma hora o las monturas de las gafas son pequeños detalles de su historia, que, aunque puedan parecer triviales, Cavalier utiliza como metáforas que nos ayudan a entender, con un especial sentido del humor, la conexión que va creciendo entre ambos. Cavalier filma, día tras día, los objetos que ellos aprecian, aquellos que significan algo para los dos o bien para cada uno individualmente, como en el caso del jarrón roto de Françoise, herencia de su abuela, a través del cual ella nos explica la complicada relación con su familia. Así es como, fragmento a fragmento, se diseña este diario personal a dos voces. La rencontre es una declaración de amor a una mujer, pero también a la vida.

Huit récits express reúne, como indica su título, ocho historias, ocho situaciones que Alain Cavalier rescata de la fugacidad de la vida y traslada a la permanencia de la imagen capturada. Desde la larga espera de un amigo que nunca llega a las anecdóticas distracciones de su gato una noche cualquiera, cada historia, de entre 7 y 10 minutos, es un pequeño fragmento del día a día que parece ser capturado del tiempo al azar. No se trata de situaciones relevantes ni decisivas, al contrario, son situaciones efímeras, casuales. Sin embargo, no es tarea ardua para el espectador descubrir el atractivo de las imágenes. A veces, este viene dado por la voz en off del mismo Cavalier; otras, simplemente por el punto de vista que este elige para inmortalizarlas, la propia imagen o la propia composición de esta.

Todas las imágenes contienen una belleza escondida, una reflexión, una intención y se puede deducir que todas ellas son fruto de la captura de un ojo experto y entrenado. Alain Cavalier traslada estas imágenes a una dimensión significativa, ayudándose de su voz en off. Su mirada llena estas situaciones de inteligencia, humor y ternura.

Cavalier nos desvela que el planteamiento inicial de una película de este tipo es mínimo, en contraposición a la abundante constancia. En su oficio de filmador, Cavalier filma cada día unas dos horas con su cámara DV, pues de la misma forma que un pintor pinta o un fotógrafo hace fotografías, su trabajo consiste en filmar. Solo de este modo, nos explica, se adquiere un dominio sobre el medio que te permite solucionar problemas técnicos o saber cómo enfrentarte a las diversas condiciones externas con mucha más facilidad y soltura. Asimismo, la práctica también le ha servido para educar su mirada y aportarle un punto de vista propio.

Cada una de estas historias contiene un trasfondo distinto, siempre bajo el común denominador de la plasmación de la vida, el paso del tiempo y la muerte. Es esta última la que toma relieve en el caso de La Fille de Brioche, tratando la historia de la muerte de un perro y su posterior entierro. Otras historias son más bien pequeñas bromas visuales que, con ingenio, consiguen arrancar una sonrisa al espectador a medida que va entrando, al principio con cierto recelo, en el tono de las narraciones. Sobre el plano fijo de una cama de hotel, la voz en off de Cavalier nos reporta su desagrado hacia la imagen y hacia la idea de dormir en ella. En la siguiente imagen la sábana está abierta y este pequeño cambio le sirve a Cavalier para ver la foto diferente y cambiar de idea.

La vida sigue su curso enfrente nuestro, basta con hacer una pequeña acción para cambiar la realidad, para hacerla nuestra o adaptarla a nuestro gusto. Se trata de estas pequeñas reflexiones, que para cada espectador pueden ser distintas, lo que dota de significado estos fragmentos. Este humor que roza tanto lo absurdo, lo insustancial, pero sincero, inteligente y tierno es lo que nos atrapa en sus historias no-narrativas. En Agonie d’un melón, la textura rugosa y las hendiduras que se crean en la piel blanda de un melón podrido le recuerda a Cavalier la textura de un cerebro, así que en última instancia lo compara con el aspecto que podría tener el cerebro de Hitler. De este modo, nos quedamos con estas imágenes directamente tomadas de la más estricta realidad pero que trascienden su condición para devenir en intención artística.

Cé repondeur ne prend pas de message corresponde a una etapa anterior del cine de Cavalier respecto al resto de películas de la muestra de la Alternativa. En esta película, Cavalier no había llegado todavía al punto álgido de la depuración de su cine, si bien su trayectoria posterior ya estaba claramente marcada. Así como en las demás películas el tono documental predomina por encima de los otros, la ficción y la experimentación toman el relieve en este caso. Aún así, no cabe duda que nos encontramos ante una obra autobiográfica que parte claramente del dolor de Cavalier ante la muerte de Irène, su primera esposa. La austeridad de medios se hace latente en este film; un único personaje, un único espacio, las acciones monótonas de este personaje y una voz en off son los únicos elementos, combinados de forma simbólica y expresiva para hacer llegar un mensaje al espectador. Sin guión previo, la improvisación y espontaneidad juegan también un papel muy importante en el resultado final. Una vez más nos encontramos intentando reconstruir una historia, aunque esta vez nunca llegaremos a tener todas las piezas necesarias para completarla.

Alain Cavalier ha conseguido expresar su dolor a través de una metáfora visual y narrativa que apuesta por una experiencia estética protagonizada por la luz, la oscuridad y el color. Sentimientos como la nostalgia, la culpa o el remordimiento se desprenden de las imágenes y de la voz en off, consiguiendo calar de pleno en el espectador. El personaje, su sentimiento y el recuerdo, son los únicos protagonistas de esta historia. Entremedio, Cavalier nos sorprenderá con algunas metáforas visuales bastante impactantes, como la tostada carbonizada en los fogones que le recuerda a los cadáveres de los crematorios de los campos de concentración, siendo imágenes de dolor ajeno que llegan a la mente del personaje como reflexiones sobre el sufrimiento humano.

Las imágenes de las grietas de la casa, acompañadas de una voz en off femenina al inicio del film, hablan de dolor y agotamiento, de lo insoportable de la existencia. También esta voz hace referencia a la hija de la pareja, que no es otra que la hija de Cavalier, tal y como aparece en imágenes de fotografías y fragmentos de vídeo.

El protagonista se va incomunicando gradualmente del exterior. El espacio se va convirtiendo, poco a poco, en su propia cárcel. El rostro cubierto del personaje, que en ningún momento nos desvela su identidad, el gesto de cerrar siempre las puertas detrás suyo, el grito ahogado pidiendo ayuda a los supuestos vecinos (que no sabemos ni si quiera si existen) y el intento frustrado de salir al exterior, de seguir adelante, que el personaje rehúsa al ver que le supone un esfuerzo que no está capacitado para afrontar, son algunas pistas de esta incomunicación, (de este encierre en el propio dolor) que lo va aislando y alejando de la superación.

La pintura, otro de los elementos metafóricos que más protagonismo toma en esta historia, adquiere una dimensión sensorial de modo que nos resulta agradable seguir el pincel de un lado para otro mientras va cubriendo las puertas de negro, haciéndonos notar la textura de la pintura. Así pues, las pinturas coloridas -que el personaje pintaba detrás de las puertas de los armarios de la cocina al principio- se ven reemplazadas por el tinte negro que acaba cubriendo todas las puertas y ventanas de la casa. Es así como asistimos a esta lenta e inexorable disgregación del mismo personaje y, consecuentemente, de su pensamiento y de sus sentimientos. Finalmente, el negro gana y consigue dejar al espectador con la sensación de haber presenciado un suicidio, simbólico, pero suicidio al fin y al cabo. Sin embargo, el fuego que enciende al final en medio de la oscuridad es el punto de inflexión que dará un poco de esperanza a los espectadores más optimistas.

Merece especial mención la forma como se rodó la película, en una sola toma y prácticamente sin cortes en el montaje. Una vez más, Alain Cavalier es fiel a su deseo de acercarse a la vida, a la realidad tal y como es, sin alterar su curso, capturando con su peculiar mirada aquello que pretende inmortalizar.

Le filmeur es una de las obras más personales del director. Alain Cavalier nos abre aquí, a través de su diario personal filmado, una puerta a su mundo más íntimo. El propio director hace de comentarista de los hechos de su vida, con el único filtro de su posición detrás de la cámara. Por tanto, su voz en off narra un discurso que acompaña a la imagen, sonando improvisada pero a su vez del todo coherente.

Sin ninguna barrera o censura, Cavalier nos muestra historias sobre el amor, la muerte, la felicidad y también el miedo. En esta película, Cavalier hace de su vida la propia obra de arte, sin filtros ni omisiones. En un determinado momento, su mujer Françoise bromea con Cavalier en una de las escenas, retándole a no engañar a su público contando que filmó sólo dos horas para realizar esta película. Por el contrario, confiesa, el material para esta película proviene de más de novecientas cintas filmadas, por lo que podemos hacernos una ligera idea del gran peso del trabajo de selección en esta obra.

De nuevo, su historia con Françoise es el esqueleto de este diario personal, aunque a diferencia de La rencontre Cavalier recoloca las fronteras de su intimidad un poco más lejos, mostrándonos situaciones más personales en donde el autor se atreve incluso a mostrar los cuerpos de ellos dos: su rostro y el de Françoise se descubren totalmente en esta película; también el cuerpo desnudo de Françoise se muestra delante de la cámara sin ningún pudor; tampoco esconde el director el desacuerdo y hastío que en ocasiones siente Françoise por ser filmada en todo momento y en cualquier circunstancia.

De la misma forma que Cavalier muestra los cuerpos, no solo no esconde sino que ilustra la debilidad e imperfección de estos, la enfermedad: desde Françoise en la cama cuando no se encuentra bien hasta su propio cáncer de piel en la nariz, cuya operación desfigura su rostro y nos es mostrada sin tapujos, mientras lo observa y reflexiona sobre él con naturalidad. También cuando Cavalier debe pasar por esta operación por segunda vez debido a la perduración del cáncer. La otra cara de la enfermedad es la demencia de su padre, que vive pero sin estar presente. Cavalier le filma hasta en su lecho de muerte, comentando que en vida su padre nunca le hubiera permitido filmarlo, ya que le habría preguntado qué iba a hacer con todo el material filmado; sin duda le habría parecido una estupidez, una pérdida de tiempo.

Al morir su padre, su madre se queda sola, también enferma. Cavalier se acerca a su rostro dormido y reflexiona mientras la filma: “en este mismo instante, mientras la estoy filmando, podría morir”. De este modo, reflexiona sobre la fugacidad de la vida, sobre la delgada línea que separa la vida de la muerte, motivo por el cual él se aferra tanto a las imágenes, las imágenes imperecederas que retienen el recuerdo y que pueden ser, en cualquier momento, las últimas que se pueden conservar de alguien. De esta película nos quedamos, una vez más, con pequeñas metáforas pero que expresan grandes reflexiones como el pequeño cuadrado en la parte inferior de la puerta por donde el gato entra y sale de la casa a su antojo. Cuando el gato muere la imagen queda vacía, sabemos que no le veremos aparecer más por allí pero de repente, un pequeño pájaro apoya sus patitas sobre ella llenando de vida nuevamente la pequeña obertura; el ciclo no se detiene, la muerte da paso a una nueva vida y así consecutivamente.

Irène es una historia sobre el recuerdo de una persona. Alain Cavalier quería hacer una película sobre su primera esposa, que murió en un accidente de tráfico. Su reto, pues, era hablar sobre alguien a quién no podía filmar. A partir de recuerdos, objetos o lugares, Alain Cavalier intenta reconstruir su historia con Irène.

Uno de los recuerdos más vivos del director es la escena del momento en que la vio por última vez. Cavalier intenta reconstruirla para su película. Tenían que irse juntos. Ella se había molestado porqué el estaba tardando. Decidió marcharse sola. Y ya no regresó. Alain Cavalier recuerda sus últimas palabras mientras nos muestra la habitación en la que él se encontraba, el balcón desde donde vio el coche en el que ella marchaba.

Algo especial en la manera de filmar de Cavalier es que no necesita mostrar demasiado para expresar sentimientos profundos. La premisa de más con menos es una de las constantes en sus imágenes, como es el caso de la visita de su madre con motivo de su cumpleaños, en donde la única imagen que filma es su mano posada sobre la de su madre, que resta apoyada en la mesa, en muestra de afecto y cariño. Por el sonido ambiente y su voz en off sabremos que se trata de su fiesta de cumpleaños.

Un valioso testimonio que Alain Cavalier utiliza para revivir sus recuerdos son los diarios personales, en donde él solía escribir diariamente experiencias o reflexiones antes de sustituir el soporte de papel por la cámara. Alain Cavalier recupera estos escritos biográficos para recordar sus últimas vivencias con Irène. Poco a poco, nos va guiando por pequeños fragmentos de su vida con ella. Cuando llegamos al día antes de que Irène muriera y nos lee los fragmentos que cuentan alguna escena cuotidiana sobre Irène, alguna descripción sin demasiada profundidad… De un momento en el que poco podía imaginarse que tan solo disfrutaría unas horas más de su compañía.

Al plantearse la película, la idea de Cavalier era contratar a una actriz para incluir algunas escenas donde poder personificar a Irène, devolverle la imagen. De hecho, en la película Cavalier muestra algunas imágenes del casting, pero ninguna le convenció lo suficiente. Finalmente, decidió que no podía traspasarle a nadie la responsabilidad de representar a Irène, pues nunca se ajustaría tanto a la realidad como para hacer justicia a sus recuerdos. De este modo, prefirió filmarla a través de objetos, objetos reales. A través de las fotografías descubrimos el rostro de Irène. Era actriz, muy guapa. Cavalier supera con creces el reto de recordarla prescindiendo de su imagen, y como resultado nos sorprende con algunas metáforas visuales de extraordinaria belleza conceptual, como la imagen de la forma que el edredón adopta encima de la cama deshecha, como si albergara el cuerpo de ella dentro.

La memoria es borrosa, por este motivo Alain Cavalier capta momentos con su cámara, para que le ayuden a recordar, para asegurarse de poder retener aquellos momentos significativos para él. En caso que con el tiempo se perdiera la nitidez de su memoria, siempre podría recurrir a la nitidez de sus imágenes, que permanecerán inmutables al desgaste del tiempo.

No se puede filmar un sentimiento, no se puede filmar el amor. Es una de las sentencias que Alan Cavalier va repitiendo en sus películas. El amor que siente por Françoise, el amor que sentía por Irène, o el amor que sentía por su madre… Él nos dice que puede filmar momentos, pero no sentimientos. En mi opinión, creo que Alain Cavalier encuentra la fórmula para, mediante un discurso de carácter universal, hacer desprender estos sentimientos de los objetos filmados.